No es fácil ser periodista, y menos cultural

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • Juan Noé Fernández Andrade

Laguna /
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En Torreón no escapamos del debate, la discusión –no siempre inteligente, y mucho menos brillante- acerca de la libertad de expresión y la libertad de prensa. 

Dos libertades y derechos constitucionales, humanos y de alta corresponsabilidad profesional para quienes nos dedicamos al periodismo.

Hoy, la gente, la audiencia, los lectores (as), escuchas, televidentes o como mejor llamemos al universo del público que nos lee, o que enciende la radio, pone los noticiarios televisivos, busca los portales o recurre a los contenidos en las redes y plataformas para consumir información, ejerce su pleno ejercicio y libre albedrío para ello. 

Si hay engaño, mentira, manipulación y orquestación y somete su decisión, es un asunto personal.

Lo que deseo exponer en esta oportunidad, y agradezco su lectura, es que, desde el sexenio federal pasado y el actual, emergió un punto de quiebre en la relación prensa- gobierno o viceversa. 

Se rompió el amasiato porque la danza del dinero dejó de bailarse, y las empresas mediáticas reaccionaron con furia y ahora se decantan por criticar todo lo que el gobierno morenista haga y deje de hacer. De lo que somos testigos es incierto.

Muy pocas son las voces que inviten a la reflexión, al consenso, a volver la vista y leer saber enterarse de mejores etapas en el periodismo mexicano. 

Claro, es más fácil destruir que construir, envalentonarse que aceptar el cambio.

Hoy, la prensa es más heterónoma que autónoma.

Cuesta trabajo ser periodista neutral. Como dice la (anónima) Oración del periodista rezada al Señor: “…todos nos necesitan, pero todos nos condenan… los poderosos preferirían muchas veces nuestro silencio, pero nuestro deber es descubrir la noticia. 

Otros preferirían solo la noticia que no quita el sueño o no turba la digestión, pero nosotros debemos hablar en nombre de los mudos, de los que carecen de libertad… 

Tú pediste un día que todos los tuyos se convirtieran en periodistas para anunciarla ‘hasta desde los tejados’…tú fuiste siempre el periodista del pueblo…”.

No, no es fácil ser periodista. “No es fácil ser honrado, porque necesitaríamos una dosis de heroísmo para arriesgar continuamente nuestro pan y nuestra vida…No es fácil, porque si gritamos la vergüenza del mundo, somos pesimistas. 

Si cantamos la bondad escondida de los hombres justos, somos evasivos. Si hablamos de Dios, somos beatos. Si hablamos de los hombres, somos comunistas. Si hablamos del futuro, somos progresistas. 

Si hablamos del pasado, somos integristas. Si hablamos del presente, somos inconscientes. 

Nos exigen honradez, exactitud y fidelidad… ser insobornables, inmaculados, exactos y fieles…cuando debemos callarnos cada día tantos sobornos de los demás, cuando conocemos perfectamente las prostituciones de tantos a quienes a veces no tenemos más remedio que incensar, cuando nos falta tiempo y espacio para levantar la voz contra miserias presentes…todos nos maldicen y nos tiran piedras…

Quizá a los periodistas nos sea más fácil rezar que a otros muchos, porque estamos más cerca de la vida con todas sus contradicciones, porque conocemos al hombre como pocos, porque masticamos cada día la urgencia de un suplemento de justicia… 

Perdón Señor por las veces que traicionamos a la verdad por cobardía o por mezquino interés…

De una sola cosa no podemos pedirte perdón: de la irritación de los poderosos ante la noticia que pone al desnudo el juego sucio de sus inconfesables manipulaciones contra los hombres…

Que no perdamos la esperanza ni nos avergoncemos de ser la voz que grita en el desierto, porque el desierto podrá ser un día la tierra habitada por los hombres”.

Bajo esta argumentación, sí el país, pero en especial Torreón, merece un periodismo en general honesto, profesional, decente. 

Y si se enojan las autoridades públicas, sus líderes, su clase empresarial, su burocracia cultural, o quienes detentan el poder (siempre y eternamente temporal), que se enojen.

Por eso es que creo en la palabra del buen periodismo, y hago un llamado, en esta ocasión al medio cultural, para que se despoje de su arrogancia, su soberbia, su egolatría, de sus falsas poses, de su ensimismamiento, de creer que cada una y uno de sus etéreos integrantes son dueños de la verdad absoluta y niegan a la otredad la oportunidad de, juntos, reconstruir la narración que enaltezca el quehacer artístico, su rica beta de talento.

Que a la petición frecuente de que los medios apoyen y difundan la agenda de actividades del mundo cultural, haya en consonancia una partida para divulgar sus programas de trabajo. ¿O cómo?

Y entre todos estos puntos, se impone, urgente, un diálogo horizontal, audaz, cortés, amable, honesto, bien intencionado, para que el conflicto entre el director del Instituto Municipal de Cultura y Educación, Antonio Méndez Vigatá, y el director de la Escuela Municipal de Danza Contemporánea, Jaime Hinojosa, dé como resultado el fortalecimiento de la enseñanza y el aprendizaje en ese plantel, el único con nivel de calidad universitaria que se promueve y es de Torreón a sus casi 119 años de ser ciudad.

La ciudad que todos anhelamos tener, respetar, vivir y amar. 

Y que buena parte de la juventud quisiera abrazar las más diversas opciones artístico culturales y no solo danza ni solo música. 

Démonos el lujo de ir perfilando la Atenas Lagunera. 

Tarea en la que necesitamos que el periodismo empuje desde su misión y responsabilidad. Aunque incomode.

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