*Leti Rodarte, mala señal en lo cultural
Hace seis años, recuerdo, se puso en marcha una campaña masiva cuyo objetivo fue que la gente asumiera con seriedad el problema de salud pública que generaba la epidemia del Covid -19 y, para coadyuvar en disminuir los casos de personas contagiadas, la idea de usar cubrebocas era la propuesta.
Autoridades estatales y municipales instruyeron esa medida pues el número de personas fallecidas iba en ascenso.
Se cree que en la Laguna coahuilense la cifra rondó las 3 mil víctimas, un número alto se le vea por donde se le vea.
A este impacto mortal de sanidad, sobrevinieron afectaciones en otras áreas de la vida regional: económicas, sociales, educativas, culturales.
El epicentro en la zona conurbada se resintió.
Sin embargo, superado (no del todo) ese trance epidemiológico, al menos en Torreón el renglón de la salud no mejora.
Por las características propias, naturales y provocadas, y por el estilo de vida que llevamos, el tema de la salud exige la mayor de las atenciones en el municipio.
Aquí el llamado al alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís y su equipo en la materia.
Hay un crecimiento en la apertura de farmacias con medicamente de patente y similares, pero igual de suplementos, productos naturistas, de herbolaria.
Hay un crecimiento bastante marcado en la infraestructura hospitalaria privada, sin desmerecer en el sector público, cada vez hay más consultorios médicos privados, más escuelas de enfermería y de medicina, más dentistas, más profesionales de la psicología y pocos en la psiquiatría.
El renglón de la salud, por los gobiernos federal, estatal y municipal no acaba de cubrirse al cien por ciento y arrastra deficiencias, carencias, desatenciones. Basta ir al Hospital General y comprobar la medianía de su servicio. Los detalles relevantes que corresponden los comentaré en otra columna.
Pero en Torreón, que es donde siempre argumento es nuestra residencia, urge, y mucho, que el alcalde y la Dirección Municipal de Salud acuerden, a la voz, de ya, acciones de prevención de salud decisivas.
No es posible que la dependencia a cargo, con cuantos direcciones haya tenido, como su recién nombrado director Juan Pérez Ortega, no se inmuten ante el grave problema, paradójico, de obesidad y desnutrición infantil, de la precaria salud de gente adulta joven y de edades mayores, de no ejecutar estrategias inteligentes, avezadas y avanzadas que aporten a contener ese índice creciente de padecimientos que, al final, vuelven crítico el renglón de atención en el ISSSTE, el IMSS, el mismo Hospital General, la demanda en la Cruz Roja y, para quienes puedan pagar (o endeudarse), recurrir a los sanatorios.
A dos médicos de reconocido renombre y prestigio en Torreón les pregunté, en diferentes momentos, si todo ese universo de farmacias, clínicas, hospitales, médicos, enfermeras, escuelas de medicina y enfermería, odontólogos, quizá los consultorios de psicología y psiquiatría, y hasta los visibles “anexos” para atender a personas adictas, no hacían de Torreón o la región una zona enfermiza.
¿Estamos enfermos como comunidad, doctor?, les pregunté. Al menos uno de los dos se dijo sorprendido por la pregunta.
En fin…el alcalde y el nuevo equipo de Salud Municipal enfrenta un reto mayúsculo: la salud de la población.
Sí, que haya seguridad, que haya inversiones, que haya deportes profesionales, que haya actividades culturales, que haya más y más grupos artísticos, mucho teatro, muchos conciertos, que se llenen el Coliseo Centenario, el Centro de Convenciones, los antros desperdigados en la ciudad, que haya el Paseo Colón, que los restaurantes, bares y cantinas tengan mucha clientela, que las cadenas de tiendas de (in)conveniencia se instalen y den empleo, que se multipliquen las escuelas y universidades, que el ritmo de crecimiento la comodidad y prosperidad se dispare, sí.
Pero que la salud de la niñez, las adicciones entre la juventud, el alcoholismo, la contaminación ambiental, el consumo de agua –incluso el lucro de la embotellada-, la contaminación auditiva y visual, la enajenación por el uso excesivo de la telefonía celular y las redes sociales, etcétera, en Torreón sea una política pública en que privilegie su aplicación y atención.
¿Qué les parece hacer un llamado a la gente a modificar –voluntariamente- sus costumbres y hábitos alimenticios?
¿Qué les parece prohibir, ni modo, vender tanta comida chatarra, verdadero mugrero que está enfermando a nuestra población?
Señor alcalde, señor director de Salud Municipal, dense una vuelta por el centro, recorran las calles, los paseos públicos, observen los cuerpos, el fenotipo del habitante hombre y mujer que camina y consume en la vía pública.
Grave, muy grave lo que sucede en Torreón. Como es probable que igual ocurra en la zona conurbada y en la región. ¿Qué es lo mismo en todo el país? No lo sé, nosotros vivimos aquí.
Y merecemos hacer alianzas, equipo, apostarle a la salud pública para, ahora sí, alcanzar ese bienestar que la narrativa gubernamental grita a diario.
Salud Municipal tiene el problema, pero también el reto, de hacer lo posible por prevenir las enfermedades más comunes, y atajar así las crónico - degenerativas.
Y en lugar de lanzar golpes bajos a los de enfrente, conciliar estrategias por el bien de la gente…/.
Post: mala señal el nombramiento de Leticia Rodarte Rangel en la Secretaría de Cultura de Coahuila, en serio.
El regionalismo entre Saltillo y la Laguna se acentuará. Quiero equivocarme, aunque mi experiencia personal me dice otra cosa.