8M

  • Taller Sie7e
  • Laura Olivia Hernández

Tamaulipas /

¿Los derechos de la mujer, están sólo en el papel? Me gusta la marcha del 8M, porque veo a tantas jóvenes con entusiasmo, creatividad y solidaridad, coreando derechos, nombres, la necesidad de que la justicia se siente con ellas y las tome de las manos.

Necesaria para mitigar el dolor de la violencia, el feminicidio, los ultrajes que se han vivido. Ese día, se unen voces, corazones, anhelos. Expresan sus emociones en carteles, para ser escuchadas, su voz toca hondo, contagia, llena el espíritu de esperanza, de certidumbre, porque hay un eco que no cesa.

Y la calle se viste de morado, verde, negro, naranja, según sus demandas, llegan los tambores, también los chiflidos, el que tiene prisa, el que no se queda callado y desde la otra acera, cobarde, muy al estilo patriarcal lanza sus clásicas: ¡viejas tenían que ser! Y sigue el contingente, con la mamá, la hija adolescente, el hijo en la carriola, el perro, el gato.

El tono de las demandas sube al entrar a la calle Altamira, ahí donde están todos los policías, resguardando la Fiscalía General de Justicia y el tono de las voces es más intenso: “El estado opresor es un macho violador / El violador eras tú / El violador eras tú. Y siguen rumbo al Palacio Municipal, en dónde se hacen representaciones, se lee poesía, y en orden nos sentamos en la calle. Vivimos tiempos afortunados en derechos, desafortunados en la violencia. Desde las desaparecidas de Juárez, hasta hoy, ¿Cuántos maderos para tumba?

Una marcha en Estados Unidos por los años setenta, estuvo acompañada de una huelga de trabajos domésticos, esas labores que apenas te levantas y siguen como rueda de molienda.

Un día estaba barriendo la basura de la calle, y un señor quería estacionarse enfrente de mi y molesto me miraba con ojos misóginos, le digo: “le estoy barriendo para que se estacione”. Los derechos muy bien y ¿las obligaciones y el respeto?

Desafortunadamente muchas chicas, regresarán a su casa a seguir con la bota sobre ellas del hermano, o del tío o del padre. Y las mujercitas abnegadas, continuarán con la rutina de los días.

Otras, a seguir defendiendo, trabajando por la igualdad, por una “habitación propia”, pidiendo por Liliana, Martha, Sofía, Carmen, Ana María, Yolanda, Francisca, sus familias y la Paz. Carpe diem.


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