Primavera

  • Taller Sie7e
  • Laura Olivia Hernández

Tamaulipas /

Y me preguntarán: ¿por qué cantamos? En las noticias hace falta esperanza. Tratemos de ser amables, aunque sea para desarmar al enemigo. Si al vecino del norte se le ocurre seguir jugando al todopoderoso, y de un giro cambia su mira hacia el sur, ¿qué hacemos? Seguimos peleando con el hermano, con la hija, con el padre, con los maestros, los diputados, etc. Continuamos poniendo de pretexto al otro, en lugar de mirar hacia uno y sus limitaciones. Si quedamos sin brazos y el corazón se desploma, es preciso tomar la palabra. Busquemos seguir al que va animado, al que levanta su bandera en medio del desierto y halla un motivo para avanzar.

La estación más florida está anunciando su presencia; vamos a contagiarnos de lo que ella nos da a borbotones: color, fuerza, exuberancia. Botticelli, en 1482, nos regaló una de las obras más admiradas y comentadas del arte europeo: La primavera. Los personajes que aparecen en la pintura muestran la predilección de su autor por un tipo de belleza femenina de una gracia exquisita, solemne. Es una alegoría sobre la armonía de la naturaleza y los humanos.

Imagine que está en un bosque; hay muchos naranjos con un verde que abraza la escena. Llega Venus, la diosa del amor, delicadamente levanta su mano, nos mira sigilosa, guía nuestros ojos a las tres Gracias, a Flora, a Cupido. Elementos que podemos mirar a nuestro alrededor si nos detenemos un momento: en la plaza, en la calle, en el supermercado. Es cuestión de atreverse a sacudir, aunque sea un poquito, a la imaginación y encontrarlos. ¿Para qué? Simplemente para abandonar la monotonía, para regalar a un niño fe, para despertar un mágico encuentro con el otro.

Las realidades a veces son tristes, pero siempre hay una nueva estación que nos seduce a cambiar de lugar, de ropa, de actitud. Es necesario avivar el fuego del corazón, ese que nos da ilusión, gozo, brío.

Frente a las tormentas, a seguir cantando con Benedetti, con mi madre, con las amigas, porque somos guerreras de la vida; soñamos con la llegada de la melodía de un nuevo horizonte, no deseamos que la canción se haga ceniza, polvo, llanto perpetuo. Carpe diem.


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