Avizorando el porvenir

Ciudad de México /
Sesión en el Congreso de Coahuila. ESPECIAL

¿Qué ocurriría si en las elecciones del año próximo el PRI arrasara en el Congreso de Coahuila? Más aún, ¿qué pasaría dentro del grupo gobernante si, en la intermedia de 2027, Morena no lograra por sí sola la mayoría absoluta e, incluso con el PT y el PVEM, quedara lejos de la mayoría calificada? ¿Cómo reaccionaría el oficialismo si, tras una campaña agresiva contra la gobernadora de Chihuahua, el PAN se impusiera? ¿Y si el Partido Verde retuviera San Luis Potosí, mientras se pierden Campeche y Michoacán? ¿Qué implicaciones tendría un resultado en Sinaloa cuestionado por posible interferencia criminal como presumiblemente pudo haber sucedido en la elección de Rubén Rocha?

No son preguntas al aire, son alertas. El gobierno federal ha cedido parte de su responsabilidad institucional en favor de la militancia política. La frontera entre gobierno, movimiento y partido se volvió difusa, al punto de que incluso aliados han tomado distancia. Después de la elección intermedia de 2021, AMLO asumió una presidencia abiertamente militante. Ganó territorio por los comicios locales, pero perdió margen en el Congreso y sufrió un retroceso histórico en la Ciudad de México. Aquello evidenció el desgaste y tensionó el diseño sucesorio que llevó a Claudia Sheinbaum a la Presidencia.

Hoy la Presidenta enfrenta serios desafíos. La relación con Estados Unidos se ha convertido en fuente principal de tensiones por la decisión de sus autoridades de proceder contra funcionarios mexicanos por presuntos vínculos con grupos terroristas. Se suma una economía global adversa y una violencia persistente, a pesar del cambio de tono en la estrategia de seguridad.

En este contexto, un resultado electoral adverso no tendría por qué significar una crisis del régimen político. La democracia existe para procesar el desacuerdo, redistribuir el poder y corregir excesos. Lo grave sería que los comicios se convirtieran en precedente de inequidad u opacidad por parte de las autoridades. Ante ello, la vía democrática sigue siendo la más razonable. Un nuevo equilibrio en el mapa del poder, surgido de la voluntad ciudadana, puede ser el punto de partida para convocar a todos a hacer su parte. El porvenir no se derrota con propaganda; se gobierna con responsabilidad.


  • Liébano Sáenz
  • Abogado, administrador, funcionario público, columnista y analista político mexicano /Escribe todos los sábados su columna Paralaje.
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