La corrupción que fractura al sistema

Ciudad de México /
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M+ La confianza es uno de esos bienes cuyo valor solo se advierte cuando se pierde. Durante décadas, el IFE y después el INE representaron una conquista ciudadana que hizo posible que el poder se disputara y distribuyera sin romper la convivencia institucional. Ese patrimonio está hoy en riesgo. Lo verdaderamente grave no es la caída de Guadalupe Taddei; es el daño al árbitro de nuestra democracia.

Las revelaciones sobre vínculos con proveedores, licitaciones simuladas y conflictos de interés precipitaron su renuncia. La ASF abrió una investigación y el órgano interno de control inició indagatorias. Sin embargo, no hace falta esperar sentencias para advertir la gravedad política de lo sucedido.

Los audios y videos sobre viajes y relaciones personales desvían la atención sobre el fondo del escándalo. Durante años, la presidencia de la institución que organiza y vigila las elecciones funcionó como un centro de corrupción. En 2024, una reforma impulsada por Morena le otorgó facultades para nombrar altos cargos sin aval colegiado. El Consejo quedó debilitado en una de sus responsabilidades esenciales, la vigilancia de la integridad institucional.

Dañar la confiabilidad de una institución como el INE, no requiere alterar las urnas. Basta con generar la duda sobre la credibilidad del árbitro. Lo que se erosiona es el pacto de confianza que permite aceptar resultados aun a quienes pierden.

La presidenta provisional ha ofrecido devolver centralidad al Consejo. Se requieren auditorías, una revisión de nombramientos y contratos y la restitución de las atribuciones colegiadas. Para recuperar credibilidad y autoridad, también es indispensable frenar las campañas anticipadas e inhabilitar a “Los Defensores de la Transformación y la Soberanía”. Sin acciones que repongan el imperio de la ley, las promesas de rectificación serán una simulación.

Corresponde a la Cámara de Diputados nombrar a quien presida definitivamente el INE. Si vuelven a imponerse las cuotas y las lealtades, la crisis no habrá servido de nada. La democracia mexicana no necesita un INE obediente al poder ni en guerra con él. Necesita un árbitro independiente. Cuando se pierde la confianza en quien cuenta los votos, también se resquebraja la legitimidad de quien gana.



  • Liébano Sáenz
  • Abogado, administrador, funcionario público, columnista y analista político mexicano /Escribe todos los sábados su columna Paralaje.
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