Este lunes se anunció el aumento a las tarifas de taxis en Hidalgo y, en esta columna, hablar de transporte es hablar también de las condiciones materiales que permiten a las personas trabajar, estudiar, cuidar, atender su salud, realizar trámites y regresar a casa. La movilidad es más trasladarse de un punto a otro, es una condición para participar en la vida cotidiana.
Se espera que el incremento permita preservar la sustentabilidad económica y financiera del servicio, así como mejorar aspectos operativos y regulatorios. Es necesario que quienes prestan un servicio tengan las condiciones para sostenerlo. Pero para quienes lo utilizan, la legitimidad de un aumento también depende de experimentar esas mejoras.
Un incremento tarifario no compra automáticamente un mejor servicio, tiene que estar acompañado de regulación, supervisión y mecanismos accesibles para que la ciudadanía conozca qué está pagando, pueda identificar las tarifas aplicables, denunciar cobros indebidos y exigir condiciones adecuadas de prestación del servicio.
El taxímetro digital puede contribuir a transparentar el cálculo del viaje pero no resuelve por sí mismo un problema de calidad, accesibilidad o trato. También habrá que observar qué ocurre con el componente por tiempo. De acuerdo con lo anunciado por la Secretaría de Movilidad y Transporte, cuando el vehículo circule con lentitud el costo del viaje aumentará. Es decir, el tráfico también tendrá precio; pero las personas usuarias no producen el embotellamiento. La congestión es resultado de múltiples factores, algunos de ellos asociados a la infraestructura, diseño vial y modelo de movilidad. Sin embargo, una parte de las consecuencias económicas de ese problema colectivo se materializará directamente en el viaje de una persona.
No todas las personas pueden sustituir el taxi por una combi, ni todas tienen las mismas posibilidades de elegir cómo moverse.