La identidad de los habitantes de las grandes ciudades es un concepto muy difícil de definir. En principio las personas se identifican con elementos comunes de su historia y tradición, con prácticas y rasgos culturales que existen en sus entornos inmediatos. Pero el rápido crecimiento y expansión de los territorios urbanizados durante los últimos 50 años plantea algunas crisis de identidad que se generan por el desplazamiento de la población de sus lugares habituales a nuevas zonas desarrolladas formal o informalmente.
Mucha gente en Ciudad de México nunca ha visitado el Centro Histórico, la mayor parte de su vida ha transcurrido en sus barrios. Los espacios públicos que conocen son los parques y jardines locales de reciente construcción, sus lugares de encuentro no son las plazas y calles tradicionales, sino los centros comerciales.
A los historiadores les cuesta mucho trabajo aceptar que las personas se adapten tan rápidamente a los elementos recién incorporados a su vida cotidiana y que sean capaces de incorporarlos a su sentido de identidad, mezclándolos indistintamente con todo aquello que compone a su entorno y paisaje cultural. Podríamos afirmar que las crisis de identidad a nivel urbano operan con mayor intensidad en el plano teórico que en la práctica.
Los imaginarios urbanos se nutren cada vez más de aspiraciones de bienestar que se incorporan gracias al aumento del poder adquisitivo de la población. A ello se suman a sus costumbres, elementos derivados del consumo de bienes y de modas importadas que llegan mediante las redes sociales y los sistemas de compra en línea. Por esto es cada vez más común observar que los jóvenes que habitan en barrios periféricos de nuestra ciudad han adoptado la música, las formas de vestir y algunas actitudes de sus pares en las culturas orientales, los productos de origen chino, coreano o japonés a los que han tenido acceso en los años recientes.
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Fronteras borradas
“La fusión de lo global y lo local está borrando las fronteras entre la economía formal e informal y ha producido un nuevo modelo de ciudad que ya no se corresponde con el clásico modelo de centro y periferia”, dice la arquitecta alemana Kathrin Golda-Pongratz.