Eudaimonia

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /
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“Filosofía” es quizá por el uso ligero y coloquial que de ella hacemos, que como muchas otras palabras al paso del tiempo ha perdido su significado original. 

Cosa no infrecuente por los usos y costumbres que hacen del lenguaje humano un sistema semántico de comunicación dinámico y cambiante, pero que como en este caso, cuando el significado de un vocablo se pierde sin ser sustituido por otro equivalente, su ausencia genera una laguna no solo en el vocabulario, sino también un hueco en el arsenal de palabras de que dispone nuestro cerebro para pensar y reflexionar.

En este mismo tenor, el sentido que se le da al verbo “filosofar”, ha llegado a devaluarse hasta el extremo de considerarlo como algo inútil e infructuoso, toda vez que, como con frecuencia suele escucharse: 

“filosofar es perder el tiempo porque nunca se llega a respuestas definitivas”, juicio nada extraño en un mundo cada día más pragmático, en el que el binomio “ciencia-tecnología”, se ha convertido en el nuevo depositario de nuestra seguridad y confianza, tal como antes lo fueran en sentido cronológico inverso: la medicina, la religión y la superstición. 

Etapas en las que como ahora, en cada una de ellas, los humanos creímos haber llegado a ser, la máxima expresión de nosotros mismos y con ello los amos del mundo para disponer a nuestro antojo de todo lo creado.

Pero como en cada una de esas etapas, bastó un virus descontrolado, un genocidio bélico o un sunami inesperado, para que toda nuestra fuente de seguridad y confianza se derrumbara y de nueva cuenta nos preguntáramos: 

¿Por qué pasó?, ¿Qué sentido tiene ahora seguir viviendo?, ¿Cual es mi papel en la vida?, ¿Lo que hice estuvo bien o mal? y otras muchas preguntas que como en la filosofía tampoco tienen respuestas, hay que buscarlas y encontrarlas dentro de nosotros mismos.

Filosofar no es saber, leer o escribir mucho. 

Es observar, analizar e interpretar de la mejor forma posible la vida, para vivirla de la mejor manera posible. 

Es un estado de plenitud y satisfacción profunda llamado Eudaimonía. 

No lo digo yo, ya lo decía Aristóteles hace 2300 años.

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