¿Quién no ha pateado alguna vez una pelota, una piedra o cualquier otro objeto?, sin más propósito que el de una mera descarga energética, que quizá sólo busca liberar cuerpo y mente de energías estancadas o acumuladas.
Pero cuando esto sucede con la intención de colocar dicho objeto en un sitio cierto y definido, frente a un rival que intenta obstruir esa acción y dentro de límites y reglas previamente establecidos y aceptados: Se llama futbol.
Así de simple es en apariencia, ese deporte que a nivel mundial reúne a más de 3500 millones de seguidores, en el que de alguna manera jugadores y espectadores comparten durante un partido, no solo la experiencia catártica liberadora de emociones nocivas como el estrés, el miedo, la tristeza o la ira, sino también y más allá de los 90 minutos de juego, satisfacen la elemental sensación identitaria de pertenencia a un grupo, sentirse parte de algo “más grande” que la propia individualidad, son necesidades que en los seres humanos forman parte importante de su estabilidad emocional, su motivación y su autoestima.
Tal vez dicha popularidad sea por el hecho estadísticamente incuestionable, de que a través de los años y los siglos, en la sociedad humana ha menguado la confianza hacia pilares de creencias antes sólidos, como la religión, la política, la ciencia o las ideologías, que de alguna manera satisfacían esas necesidades emocionales, es por lo que el deporte y en este caso el futbol, ha venido a ocupar su lugar, con una difusión, popularidad y nutrido repertorio de héroes deportivos, que seguramente mucho envidian hoy los líderes de numerosas instituciones.
El cerebro humano se divide en 2 mitades o hemisferios, que por cierto son asimétricas en su anatomía y en sus funciones.
El izquierdo procesa en forma lógica, secuencial y analítica, calcula, mide y razona la información que recibe.
Mientras el derecho se encarga de lo emocional y creativo, visualiza imágenes y capta como un todo el entorno y la interacción de sus partes.
Tanto en la cancha como en la tribuna trabajan ambos, el izquierdo mide… en el derecho se da la fe.