A primera vista, tal vez el título que precede estas líneas sugiere una acción tan simple y para muchos tan habitual, que no merece mayor aclaración, siendo dirán algunos, un acto tan simple que puede hacerlo quienquiera que posea el don de la vista.
Pero bien mirado, no resulta tan obvio si atendemos a un significado mayor que en conjunto adquieren las palabras envueltas en la brevedad de la frase.
Si consideramos “mirar”: como dirigir intencional y conscientemente la vista con atención hacia algo o alguien con un propósito cierto, mientras que “ver”, es la sola percepción pasiva de dejar que los ojos registren lo que sucede frente a ellos sin ningún otro propósito, entonces el alcance y sentido de la frase cambia, sobre todo si entendemos la idea del “mundo”, como todo aquello que existe y sucede en nuestro entorno y planeta.
Bajo este mismo orden de ideas, podemos aplicar el uso cabal de nuestros sentidos a la manera en que en conjunto tomamos conciencia del hecho de estar vivos.
Ver no es lo mismo que mirar; oír es distinto que escuchar, tocar es diferente que palpar, masticar es distinto que saborear y oler no es lo mismo que aspirar.
Si bien estos verbos representan acciones parecidas, quizás en estas diferencias estribe la forma en que cada uno experimentamos el mundo en el que vivimos, de donde se desprende la forma en que lo hacemos: “de bulto” o “en sus detalles”.
Por si todo esto fuera poco, cabe mencionar que lo sepamos o no, dicha apreciación no corresponde a la realidad física de cómo realmente son en el mundo las cosas que lo componen.
El color que creemos que tienen, no es sino el resultado de un fenómeno físico cromático que a través de nuestros órganos nos hace percibirlos de tal o cual manera, que al llegar y ser procesados en el cerebro, se nos revelan como esos maravillosos efectos multicolores de un atardecer tropical, o esos sonidos irreconocibles que viajan por el aire, hasta que, como en un acto de magia, nuestro cerebro los identifica como ese “Himno a la Alegría”, que emocionados nos hace sentir y vibrar.
Si, es mágico, es nuestro cerebro.