Se ven por Ciudad de México anuncios así: “La pelota vuelve a casa”. El problema y por ejemplo es que esa pelota volvería acompañada de los sacrificios humanos. Que no se hagan ni quieran hacernos pelotas. El nombre del juego es futbol asociación y lo inventaron unos estudiantes y profesores ingleses. The beautiful game, el furbo, el fucho, el pambol, el footie, le fut, nació con sus reglas en 1863.
Y con esas reglas, un acompañante fundamental: el fair-play. Los mayores ejemplos de juego limpio los han dado los ingleses a lo largo de los ciento sesenta y tantos años desde la invención del juego.
Hasta finales de los 1980 en la liga inglesa de futbol sólo jugaban ingleses, escoceses, galeses e irlandeses. Al abrirse empezaron a llegar cada vez más europeos y sudamericanos. Algunos de estos últimos intentaban sacar ventajas saltándose el fair-play. Fingiendo fáules o tratando de ganar metros en los saques de banda. La prensa inglesa lo bautizó como “native cunning”, es decir, la “viveza criolla” o, pues sí: la “picardía latina”.
No me gusta nada algo que está haciendo el gran futbolista inglés Declan Rice en los córners. Se pasa de listo, coloca el balón fuera del ángulo desde donde debe cobrarse.
¿No es para tanto? No sé. Hace años se pusieron de moda la “teoría del caos” y el “efecto mariposa”; y un poema inglés, anónimo y antiguo, que los cifraba. “Por la falta de un clavo, se perdió la herradura. Por la falta de una herradura, se perdió el caballo. Por la falta de un caballo, se perdió el jinete. Por la falta de un jinete, se perdió la batalla. Por la falta de una batalla, se perdió el reino. Y todo por la falta de un clavo de herradura”.
Declan Rice juega en el Arsenal, que con su entrenador Arsène Wenger dio hondas lecciones de juego limpio. No es posible que de ahí venga una falta de clavo en la herradura.
Óyeme bien, Declan Rice. Te lo pido en nombre del fair-play y de quienes inventaron el hermoso juego: cobra como se debe ese bloody fuckin’ corner.