Muy bien. El Santos ya es otro; ya no es el Santos mediocre, ya no es el Santos pusilánime, ya no es el Santos que daba lástima, ya no es el Santos que decepcionaba, ya no es el Santos malo que le rompía el corazón a su afición.
El presente es muy positivo, motivante y rebosante de alegría.
Sí, el presente. Y eso nadie lo puede ni lo debe negar. Como nadie puede negar la historia gloriosa del club, ni la grandeza que tiene y ha construido con los años en su corta pero rica historia.
Pero tampoco nadie puede ni debe negar el fracaso constante de los últimos años; esta racha bien positiva que el equipo está cimentando no va a borrar los fracasos de los últimos años.
A todos nos queda claro que la única manera de borrar (y hacer olvidar) tantas decepciones, es ganando la séptima.
No en este torneo, o en el que sigue, no sabemos cuándo, pero solamente con la séptima estrella se podrían olvidar los años aciagos. Ojalá no tarde mucho en llegar.
La vida es cambiante, las circunstancias son cambiantes, los escenarios son cambiantes y los actores (como seres humanos) también son cambiantes.
Y es aquí donde hay que profundizar: los actuales futbolistas del Santos son los mismos que hasta hace no mucho tiempo parecían jugadores de la división de ascenso.
Ellos mismos son los que desde hace un tiempo han desplegado un nivel convincente y que ha rendido frutos, puntos, victorias.
Creo en eso de que todo en la vida es cuestión de actitud, pero también creo firmemente que es cuestión de capacidades.
Con el paso del tiempo, continuando en el mismo contexto, el Santos iba ganando en actitud, en compromiso.
Pero conforme transcurrieron los partidos fueron demostrando capacidad. Y eso se debe decir, reconocer y publicar. Como también se dijo, se reconoció y se publicó que daban lástima (en su momento).
Mi reconocimiento para Aleco Irarragorri, quien fue el primero en confiar ciegamente en su proyecto. Claro está, pues es su equipo.
Ha aguantado y soportado de manera estoica la avalancha de críticas, algunas fundamentadas y otras no tanto.
Algunas que se pasaron de la raya y se metieron en lo personal: una cosa es analizar hechos y el accionar de su equipo, y otra es burlarse de la persona. Aleco ha conseguido un cambio de rumbo en casi todos los sentidos.
Ha pasado de ser visto como un niño, del cual podían burlarse porque su equipo no levantaba, a ser un joven emocional y pasional en sus festejos que ha contagiado a la legión santista que cada vez se identifica más con él. Felicidades por esas cuatro victorias consecutivas.