A pesar de la incertidumbre provocada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, agosto fue un buen mes para los mercados bursátiles. El S&P 500 avanzó 2.6 por ciento, el Nasdaq 3.9 y el Dow Jones 1.3. En los primeros ocho meses del año, los rendimientos acumulados siguen llamando la atención: el S&P 500 gana 12.3 por ciento, el Nasdaq 13.5 y el Dow Jones 10.7.
¿Cómo explicar este comportamiento en medio de un escenario geopolítico tan complejo? Durante buena parte de agosto las hostilidades entre Estados Unidos e Irán fueron más contenidas que en meses anteriores. Washington mantuvo una fuerte presión económica y financiera sobre Teherán, mientras que Irán continuó utilizando al estrecho de Ormuz como una de sus principales herramientas de presión.
Esta relativa pausa permitió que durante una parte del mes el petróleo se mantuviera más estable, dando respiro a una de las mayores preocupaciones de los mercados: la inflación.
A esto se sumó una temporada de resultados corporativos extraordinariamente sólida. Las empresas del S&P 500 reportaron, en conjunto, un crecimiento cercano a 15 por ciento en ventas durante el segundo trimestre, el mayor desde 2021. El crecimiento de las utilidades superó 50 por ciento, impulsado por las grandes empresas tecnológicas y por el sector energético.
La inflación estadunidense también mostró cierta mejoría. En julio se ubicó en 3.4 por ciento anual, frente al 3.5 por ciento de junio, mientras que la inflación subyacente disminuyó a 2.5 por ciento. Son cifras alentadoras, pero todavía superiores al objetivo de largo plazo de la Fed.
El problema es que septiembre comienza bajo circunstancias distintas. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán han vuelto a escalar y el precio del petróleo de nuevo se acerca a niveles preocupantes. El Brent ronda los 95 dólares por barril. Si permaneciera cerca de 100 dólares durante un periodo prolongado volvería a ejercer una presión importante sobre la inflación mundial y complicaría enormemente las decisiones de los bancos centrales.
Ahí está, en mi opinión, el principal riesgo para los mercados: que el petróleo vuelva a alimentar la inflación, obligue a mantener una política monetaria restrictiva y termine debilitando considerablemente el crecimiento económico mundial.
Los resultados corporativos pueden continuar siendo favorables durante el tercer trimestre, pero comenzaremos a conocerlos hasta octubre. Además, conforme nos acerquemos a las elecciones de medio término de noviembre en Estados Unidos, la incertidumbre política seguramente irá ganando espacio entre los inversionistas.
Agosto demostró de nuevo que los mercados pueden avanzar aun rodeados de incertidumbre. Septiembre, sin embargo, comienza con un equilibrio mucho más frágil.
No sé si las próximas semanas traerán buenas o malas noticias, pero estoy convencido de que septiembre será un mes para actuar con prudencia y mantener los ojos puestos en petróleo, inflación y Medio Oriente.