La cultura no puede durar diez días

Tamaulipas /
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En Tamaulipas tenemos artistas. Lo que no siempre tenemos son las condiciones para que puedan vivir de serlo, circular su trabajo y encontrar públicos fuera de los mismos espacios de siempre.

Lo anterior no es una impresión. El propio diagnóstico del programa estatal de fomento cultural reconoce una “brecha estructural” entre la capacidad creativa de los artistas tamaulipecos y sus oportunidades reales de promoción, comercialización y circulación.

También admite concentración geográfica de servicios e infraestructura cultural, desigualdad territorial y un dato que ayuda a dimensionar el desafío: menos del uno por ciento de la Población Económicamente Activa del estado se dedica a actividades culturales.

Eso debería bastar para dejar de tratar la cultura como ornamento.

Hablar de acceso a la cultura no es solamente hablar de tener un teatro cerca o de poder asistir a un concierto. También implica preguntarnos quiénes tienen oportunidades reales para crear, dónde pueden mostrar su trabajo, qué tan accesibles son los eventos y por qué en algunos municipios la programación cultural forma parte de la vida cotidiana mientras en otros sigue siendo algo esporádico.

Otro indicador oficial que también nos ayuda a dimensionar este problema se trata del reporte por parte del ITCA, donde se reconocen 354 mil 133 asistencias a actividades artísticas y culturales, una cifra equivalente al 10.03 por ciento de la población estatal utilizada para su medición. El dato incluso superó la meta institucional.

Es una buena noticia, pero también abre una pregunta necesaria: ¿qué hace falta para que ese alcance no sea solamente una meta cumplida, sino parte cada vez más cotidiana de la vida pública?

Además, la cifra de asistencias no equivale necesariamente a 354 mil personas distintas: una misma persona puede acudir a varias actividades. Por eso resulta importante medir no sólo cuántas butacas se ocupan, sino quiénes acceden, desde dónde llegan, con qué frecuencia regresan y qué barreras siguen dejando fuera a comunidades enteras.

Por eso importa el recientemente anunciado Festival Internacional en la Costa del Seno Mexicano. Tanto por los nombres de su cartelera, como también por el hecho de llevar programación a los 43 municipios y hacerlo gratuitamente.

Del 2 al 11 de octubre, más de mil 200 artistas participarán en más de 300 presentaciones. Habrá propuestas internacionales, nacionales y 49 proyectos tamaulipecos. Llegarán danza, teatro, música, ópera, jazz, rock y espectáculos para distintas edades. Durante diez días, una parte importante del territorio tendrá algo que muchas comunidades no reciben con suficiente frecuencia: la posibilidad de encontrarse alrededor del arte.

Y allí está precisamente el reto.

Un festival no puede corregir por sí solo una desigualdad construida durante años. Diez días de programación no sustituyen casas de cultura activas, circuitos permanentes para artistas locales, presupuesto, formación de públicos, infraestructura digna ni oportunidades laborales para quienes decidieron hacer del arte su profesión.

Pero sí pueden demostrar algo importante: que descentralizar es posible.

El verdadero éxito del Festival no estará sólo en llenar plazas y teatros durante octubre, sino en lo que logre dejar después: más oportunidades para los artistas, programación constante en los municipios y nuevos públicos que puedan seguir ejerciendo su derecho a la cultura.


  • Marcela Brown
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