Claudia Sheinbaum encontró esta semana un nuevo motivo para indignarse con el pasado: el Fobaproa (hoy llamado IPAB).
La presidenta anunció incluso una mañanera especial para explicar que, según un estudio de Hacienda, aquella deuda es “prácticamente impagable”, porque se cubren intereses mientras una parte del pasivo se refinancia.
Y conviene decirlo sin rodeos: el rescate bancario fue costosísimo, polémico y terminó trasladando a generaciones de mexicanos una carga que todavía existe.
Pretender minimizarlo sería tan absurdo como utilizarlo, casi treinta años después, para ocultar lo que está ocurriendo hoy.
Porque hay un pequeño detalle que la presidenta parece olvidar mientras desempolva al Fobaproa: Morena prometió no endeudar al país.
López Obrador fue categórico en diciembre de 2018: “ya no va a aumentar la deuda pública”.
Después, el expresidente y ella misma han reiterado la promesa como mantra. Sin embargo, cuando el expresidentellegó al gobierno la deuda del sector público rondaba los 11.2 billones de pesos; hoy supera los 20 billones.
Y tan sólo durante los primeros años del gobierno de Sheinbaum se han añadido alrededor de 2.9 billones.
Es decir, mientras Palacio Nacional pretende asustarnos con una deuda del IPAB cercana a 1.1 billones, el endeudamiento acumulado durante los gobiernos de Morena equivale a varias veces esa cantidad.
Nada más, para el próximo año según el Paquete Económico 2027 que acaba de enviar al Congreso de la Unión, el gobierno de quien se escandaliza por 1.1 billones, está solicitando endeudarse por 1.3 billones más.
Porque las deudas les molestan, excepto cuando son ellos quienes firman los créditos.
La doble, triple o múltiple moral con la que juzgan acomodaticiamente a los demás es, además de su propensión permanente a mentir, lo que con más facilidad describe a López Obrador y a su aprendiz Sheinbaum.
Ahora bien, la comparación resulta todavía más incómoda cuando se observa que el saldo del IPAB, aunque ha aumentado nominalmente, ha perdido peso en términos reales y respecto del tamaño de la economía.
De acuerdo con el análisis disponible, llegó a representar 5.9% del PIB en 2009 y para 2026 ronda 2.9%. Es una deuda que sigue allí, sí, pero cuya importancia relativa ha venido disminuyendo.
Mientras tanto, la deuda pública del presente continúa creciendo en medio de déficits elevados.
Y hay otra diferencia que Morena preferiría no discutir. Podremos cuestionar —y debemos hacerlo— muchas decisiones tomadas durante el rescate bancario, pero su propósito era impedir el colapso del sistema financiero y de la cadena de pagos.
En cambio, durante el sexenio de López Obrador se gastaron cantidades gigantescas en cancelar Texcoco, construir Dos Bocas, el Tren Maya y el AIFA, además de sostener crecientes pérdidas en Pemex.
Diversos cálculos de especialistas en la materia estiman en 175 mil millones de dólares el costo acumulado de algunas de esas decisiones, incluso por encima del valor actualizado atribuido al Fobaproa.
Por eso resulta tan conveniente volver a 1995. Mientras discutimos nuevamente quién fue culpable hace tres décadas, dejamos de preguntar quién está firmando los pagarés hoy.¿Quién es la que, con absoluto descaro, solicita endeudar a México con un monto superior a la deuda actual del Fobaproa?
La presidenta puede seguir señalando la mancha que dejó el Fobaproa. Pero comienza a parecerse demasiado a un leopardo que pide a todos mirar una mancha en el suelo para que nadie observe las que lleva encima.
Porque el gran engaño de Morena no fue simplemente endeudar a México.
Fue hacerlo después de prometer que jamás lo harían, culpando a un pasado que tiene cada vez menos peso en la realidad económica del presente