En los últimos 17 meses, las escuelas mexicanas han aparecido una y otra vez en las noticias, desafortunadamente no por sus logros académicos, sino por golpes, acoso, abuso sexual, amenazas de tiroteo, armas, homicidios, agresiones contra maestros y hasta ataques relacionados con la violencia criminal que rodea a las comunidades. Ya no se trata solamente de una riña entre adolescentes o de un video que se vuelve viral durante unas horas.
El problema es que seguimos llamando a todo esto “violencia escolar”, como si fuera un fenómeno aislado que comienza y termina dentro de un salón de clases. La evidencia muestra algo diferente: la escuela, ese espacio que debería ofrecer seguridad y protección a niñas, niños y adolescentes, se ha convertido también en uno de los lugares donde se encuentran, se reproducen y, en ocasiones, se agravan las
El pasado 30 de septiembre concluí mi encargo como titular de la Unidad de Planeación y Prospectiva del Gobierno de Hidalgo. Cierro esta etapa con una sola palabra en mente: gracias. Gracias a quien confió en nosotros, a quienes trabajaron a nuestro lado y a un estado que nos permitió servirle.
Mi primer agradecimiento es para el Gobernador Julio Menchaca Salazar. Lo acompaño desde 2017, y en estos cuatro años de gobierno confirmé lo que entonces intuí: su liderazgo convierte la planeación en decisiones. Su instrucción fue clara desde el primer día: planear no para llenar documentos, sino para que el bienestar llegara a donde nunca había llegado.
Nada de lo que aquí cuento fue obra de una sola oficina. Fue resultado de un gobierno que trabajó en equipo, de secretarías estatales que se coordinaron, de equipos municipales y de un gobierno federal que, bajo la conducción de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, eligió a Hidalgo co- violencias que atraviesan a la sociedad.
De acuerdo con registros de la Secretaría de Salud analizados por la Red por los Derechos de la Infancia en México, durante 2024 fueron atendidos en hospitales 1,058 niñas, niños y adolescentes por lesiones derivadas de violencia física dentro de escuelas. Se trata del registro más alto de la serie disponible desde 2010.
Pero esa cifra apenas alcanza a mostrar una parte del problema pues no incluye necesariamente los insultos, la exclusión, las amenazas, la violencia digital, buena parte del acoso sexual ni aquellos episodios que nunca llegan a un hospital, a una autoridad o, mucho menos, a la luz pública.
En la Ciudad de México, el asesinato de un estudiante del CCH Sur dentro del plantel, en septiembre de 2025, volvió a poner sobre la mesa la relación entre violencia, armas y redes sociales. En Oaxaca, una profesora fue asesinada afuera de un bachillerato; en Michoacán, dos maestras murieron dentro de un colegio. En Sinaloa, la violencia criminal llegó al extremo de obligar a cerrar o modificar las actividades de decenas de escuelas.
Hay estudiantes golpeados por compañeros, maestros agredidos por alumnos, docentes señalados por violencia o acoso, padres que terminan enfrentándose físicamente frente a las escuelas y adolescentes que llevan armas blancas o de fuego a los planteles. En algunas escuelas son los propios alumnos quienes agreden a sus compañeros o a sus maestros; en otras, las denuncias apuntan a docentes o directivos. Hay casos de presunto abuso sexual, hostigamiento y acoso que han terminado en investigaciones ministeriales, suspensiones e incluso procesos judiciales.
La violencia puede instalarse gradualmente en la convivencia cotidiana hasta que una agresión deja de parecer excepcional y comienza a formar parte del paisaje. El problema es que, cuando eso ocurre, la capacidad de asombro también se desgasta.
Y entonces llegó Torreón.
El 1 de octubre, dos hermanos de 18 años y exalumnos de la Secundaria General 13 de Torreón irrumpieron en el plantel durante el cambio de clases. La agresión dejó muerta a la subdirectora y a varias personas heridas, entre ellas estudiantes y personal educativo. Los jóvenes utilizaron machetes y petardos y fueron detenidos poco después.
No se trató de una pelea entre estudiantes ni de un episodio espontáneo de indisciplina. Dos ex alumnos regresaron a la escuela que conocían y atacaron a quienes encontraron a su paso. La Fiscalía informó inicialmente que una de las líneas de investigación apunta a un sentimiento de rechazo o resentimiento hacia el plantel, aunque el móvil todavía debe esclarecerse.
Quizá ese sea el momento de dejar de hablar de la violencia escolar como si fuera un problema exclusivamente educativo; la escuela está recibiendo el impacto de la descomposición social que existe fuera de sus muros.