Madre bestia

  • Criando Consciencia
  • Nadja Alicia Milena Ramírez Muñoz

Laguna /
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Con unos ojos te miraba mientras crecías y con otros, no despegaba la vista del celular mientras trataban de hacer dinero para que no te faltara nada.

Con unas manos te sostenía mientras lactabas y con otras tendía tu ropita helada en el patio en tiempo de frío, nuestra primera navidad juntos.

Con unas piernas te mecía a través de la casa y con las otras corría para llegar a tiempo a hacer las entregas a las líneas del metro.

Soy la mujer de los muchos ojos, las muchas manos, los muchos brazos y las muchas bocas. 

Soy aquello que ves como monstruoso y aplastas. Soy, sin querer, el insecto araña que lleva a la espalda a sus muchos hijos para protegerlos mientras caza y sobrevive al ambiente hostil en este capitalismo patriarcal que moribundo.

Madre bestia, bestia madre. Una madre que con sus bocas contó cuentos y narró historias, pero también recitó su CV frente a miles de entrevistadores, a veces mujeres, para volver a casa siempre con las manos vacías.

Con esta boca le grité a tu padre y le dije ¡basta!, ¿sabías? Solo así aceptó irse y entonces desapareció de nuestras vidas y desde entonces pasa de procurar a su sangre.

Soy la sangre que se derrama mes a mes, sangre que no debería de doler, pero duele cuando hay que trabajar y cargar a un bebe de meses en un fular mientras me retuerzo del dolor abdominal.

También soy la sangre que engendró la tuya. Sagrada. Preciosa.

Porque eso eres para mi. Un milagro. Un barco en el que navego mientras las aguas se calman y amanece después de esta tormenta llamada postparto.

Soy la mujer de los muchos pechos. Unos para alimentarte y otros para sostenerte. Otros para guardar dolores y no contártelos y otros más para ocultar las heridas del mundo.

Soy la mujer de las muchas manos. Manos que sostienen el 22% del PIB nacional y sin embargo no recibirán pensión ni prestación alguna. 

Manos que pelan naranjas y pican kiwi en tu plato. Manos que limpian y trapean el piso por donde te arrastras y me arrastro contigo.

Soy la mujer que de tanto ser monstruo ya olvidó que lo era. Además, ¿cómo verme monstruosa cuando tus ojos me miran con tanta ternura?

Soy tu madre, querido. La que sostiene el mundo con el dolor en la espalda y una pensión de doscientos a la semana. 

La que te cambia los pañales y no duerme con tal de ver que sigas respirando. 

La que se quedó sola tejiendo su red en los rincones, sola para sostener, sola para criar, para consolar. 

Soy aquella que sin importar nada construirá un hogar con sus muchos brazos y sus muchas piernas y sus muchas bocas te besarán en mil momentos diferentes y te dirán siempre, siempre y en cualquier idioma posible lo mucho que el amor me hace ser este ente primigenio en el que solo cabe amor que se derrama y me desarma, para ti.

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