Si hace diez años me hubieran dicho que viviría en un país sin El Chapo, El Mayo, El Mencho ni los hermanos Treviño Morales, no lo hubiera creído. La propaganda criminal me había convencido de que hay capos eternos, indestructibles. Hoy me queda claro que el único imbatible es el Estado mexicano… cuando tiene voluntad.
Lo saben todos los narcotraficantes: su destino seguro es el encierro, destierro o tumba. Ninguno —ni el “divino” Amado Carrillo Fuentes o el “santo resucitado” Nazario Moreno— ha escapado a un fin estrepitoso, a veces humillante, como el de César Alejandro Sepúlveda, El Bótox, quien cayó en enero de este año con los pantalones en las rodillas tras intentar escapar brincando la barda de una casa en Buenavista, Michoacán.
Y desde hace un par de años esa certeza tiene nombre: la Secretaría de Marina. Cuando la Unidad de Inteligencia Naval (UIN) y la Unidad Naval de Operaciones Especiales (Unopes) se unen para ir tras un líder del crimen organizado, su suerte está echada: sólo es cuestión de tiempo para que caiga.
La combinación de ambas unidades se traduce en las capacidades más contundentes que tiene el Alto Mando de la Armada de México: inteligencia para identificar, penetrar y seguir a objetivos prioritarios del crimen organizado. La tormenta perfecta para ahogar a los criminales “invencibles”.
Sus capturados son la élite del crimen: El Chapo, El Jardinero, El Gato del clan Beltrán Leyva y hasta los hermanos Farías Laguna, identificados por la Fiscalía General de la República como los principales líderes de la más grande red de contrabando de combustible, conocida como huachicol fiscal.
En los días en que se conmemoran 20 años de la “guerra contra el narco” vale la pena recordar que México hoy cuenta con herramientas para seguir invicto en la lucha entre el Estado y los narcotraficantes. No necesitamos nada proveniente del extranjero; sí se requieren las ganas de usar lo que ya tenemos en casa.
CÓDIGO: hay un secretario de Seguridad Pública, como Omar García Harfuch, que cuenta con el visto bueno de Estados Unidos y es marino: el teniente Fabián Gómez Calcáneo, quien trabaja en Colima. No hay que perderlo de vista.