La fosa de los dientitos de leche

Ciudad de México /
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Mientras buscaba un fémur humano con las manos hundidas en la tierra, Margarita López, fundadora del colectivo Buscando Cuerpos en Todo México, levantó la mirada y vio una humareda que salía de un cerro en Zacapu, al norte de Michoacán. Era la tierra soplando la ubicación exacta de la peor fosa clandestina que ha encontrado en 15 años de activismo.

Atraída por el humo, la madre buscadora llegó hasta el portón de un rancho que, le dijeron después, pertenece a un narcotraficante sinaloense. Rompió candados, abrió puertas y se adentró en el predio con cámaras de vigilancia y pacas de mariguana. Nadie le impidió que caminara hasta encontrar un crematorio artesanal bajo unos frondosos aguacateros. El calor indicaba que horas antes alguien estaba quemado cuerpos.

Ella y las otras madres apagaron las brasas y volvieron al siguiente día con mascarillas, botas y equipo para cribar, es decir, enterrar y desenterrar una especie de colador para separar los huesos de la tierra. Así, encontraron vértebras, falanges, rótulas, tarsos. Hasta que Margarita se topó con un colmillo pequeño. Braulio N., su perito de confianza y trabajador de la Fiscalía General de la República, lo limpió y examinó con ojo experto: era un dientito de leche.

Cuando las madres escucharon ese diagnóstico, cambiaron a cribas más pequeñas, hasta de un cuarto de centímetro. Por el cuerpo les recorrió una energía desbocada. La digna rabia, la cólera amorosa que salvará este país. Y desde entonces no han parado: entre ese hallazgo en 2021 y la búsqueda de ayer 22 de septiembre, el colectivo asegura que ha encontrado unos mil 600 dientitos de leche, la evidencia de que cientos de niños de uno a seis años fueron incinerados ilegalmente en esa fosa de Zacapu.

Margarita no tiene certezas, pero sí hipótesis: vivos o muertos, en ese crematorio artesanal están las víctimas más pequeñas de la explotación sexual, del tráfico de órganos o de la pornografía infantil. El otro negocio del crimen organizado.

CÓDIGO. Si mil 600 dientitos de leche no bastan para incendiar nuestra conciencia, entonces lo que está enterrado no son sólo niños: también son nuestros corazones. 


  • Óscar Balderas
  • Óscar Balderas es reportero en seguridad pública y crimen organizado. Escribe de cárteles, drogas, prisiones y justicia. Coapeño de nacimiento, pero benitojuarense por adopción.
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