El mundo está lleno de clubes exclusivos y el del crimen no es la excepción. Existe el de los más buscados del FBI o los que tienen fichas rojas de Interpol. Pero hay uno más reducido con nombres que sólo son conocidos a nivel global: está integrado por quienes el gobierno de Estados Unidos han ofrecido una recompensa de 25 millones de dólares —o más— por información que lleve a su captura. Hasta ayer eran sólo siete personas en el mundo; hoy son ocho con el sucesor del "Mencho", Juan Carlos Valencia, el nuevo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Los únicos miembros de ese cerrado club eran el terrorista Osama bin Laden, líder de Al Qaeda; Saddam Hussein, expresidente iraquí; los líderes yihadistas Ayman al-Zawahiri, Abu Musab al-Zarqawi y Abu Bakr al-Baghdadi, además de los políticos venezolanos Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, acusados de narcoterrorismo. Esta mañana, el fiscal general interino de los Estados Unidos dio la bienvenida a esa cofradía a Valencia, quien con su inscripción ha hecho historia: es el primer ciudadano estadounidense en la lista negra. Un dato que podría cambiar para siempre nuestra relación binacional.
Valencia, también apodado “El 03” o “El Pelón”, nació en septiembre de 1984 en Santa Ana, California, una ciudad apacible en el condado Orange, a donde su padrastro “El Mencho” llegó siendo un joven migrante indocumentado que se ganaba la vida vendiendo marihuana y heroína del Cártel del Milenio con la esperanza de rozar el sueño americano. Luego, Valencia creció y desarrolló su carrera criminal en México bajo la guía de su madre Rosalinda González Valencia, “La Jefa”.
Esta es la segunda y única vez que un estadounidense dirige un cártel mexicano: la primera ocasión fue en los 80, cuando Juan Nepomuceno Guerra, “Don Nepo”, cedió el mando del Cártel del Golfo a su sobrino Juan García Ábrego, nacido en Cameron, Texas, pero con arraigo criminal en Matamoros, Tamaulipas. En la cúspide de su poder, Ábrego apenas alcanzó un valor de 2 millones de dólares en recompensa ofrecida por Estados Unidos. A juzgar por el dinero puesto en la mesa, su caída no era una prioridad.
Pero el nuevo jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, de 41 años, sí lo es: ningún otro criminal en México ha sido tan codiciado por Washington. Por Rafael Caro Quintero se ofrecía la histórica cantidad de 20 millones de dólares; por Nemesio Oseguera, “El Mencho”, 15 millones; por Iván Archivaldo de Los Chapitos, 10 millones; por los hermanos Treviño Morales, fundadores de Los Zetas, cinco por cada uno. El aumento en el dinero representa la urgencia del gobierno estadounidense, que también ofrece recompensas por los siete operadores más cercanos del “03”. En total, 100 millones de dólares.
El anuncio no parece una casualidad: en los últimos días, el presidente Donald Trump ha intensificado sus órdenes para que se desplieguen intervenciones militares en América Latina con el objetivo de diezmar a los cárteles de las drogas, de acuerdo con medios estadounidenses. El Pentágono ha tomado la iniciativa con la planeación de nuevas incursiones terrestres que sean una continuación de los bombardeos en aguas internacionales contra lanchas supuestamente cargadas de narcóticos. Honduras es el siguiente ensayo, muy cerca de México, que es el objetivo final en los planes del trumpismo.
Y Juan Carlos Valencia es idóneo para esa estrategia. Washington ya no necesita construir el caso judicial contra el nuevo jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación con el tacto que requiere la detención o neutralización de un capo extranjero, como lo era el michoacano “Mencho”. Ahora le basta la delicadeza de un mazazo en la cabeza y el argumento de que el Departamento de Justicia tiene las facultades para perseguir —con todos los métodos a su alcance y en todas las latitudes del mundo— a uno de los suyos por delitos que hacen peligrar a Estados Unidos.
Su detención, mediante un acuerdo de cooperación binacional o una acción unilateral en México, también podría justificarse en Washington como el derecho que tiene “El 03”, por ser ciudadano californiano, a ser ingresado en territorio estadounidense para ser juzgado por una triple combinación: narcotraficante, terrorista y líder de una organización armada de alcance internacional.
Juan Carlos Valencia entra hoy a un club exclusivo de criminales, cuando hasta hace unos pocos años era un desconocido. En su credencial de nuevo miembro hay una letra pequeña que pronto conoceremos: ¿para qué quiere Estados Unidos forrarlo con un traje de 25 millones de dólares?