En el 2007, el primer año de la “guerra contra el narco”, un narcotraficante de altos vuelos hizo sus maletas para mudarse de la zona rural de Tierra Caliente, Michoacán, a un hotel de cinco estrellas, El Faena, en el vecindario más caro de Buenos Aires, Argentina. Su misión era simple en papel, pero complicada en el terreno: convertir al país del Río de la Plata en una embajada más del Cártel de Los Cuinis, el antecedente del Cártel Jalisco Nueva Generación.
El nombre de ese capo sigue siendo poco conocido en la enciclopedia criminal en México, pero su linaje forma parte de la “realeza” de los cárteles: Gerardo González Valencia, hermano de Rosalinda, “La Jefa”, y cuñado de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Y para hacer creíble su fachada de empresario respetable ocupó el departamento E del cuarto piso, una suite de negocios, donde comenzó a moldear su máscara para ocultar que enviaba toneladas de efedrina —un precursor de drogas químicas— a su nuevo país de residencia.
El jet set argentino cayó en el engaño. Gerardo González invirtió en decenas de negocios que le dieron respetabilidad y la apariencia de salvador en tiempos de crisis económica. Nadie sospechó cuando se mudó del hotel de lujo al exclusivo barrio Puerto Madero con su esposa Wendy y tres hijos pequeños. Y desde ahí intensificó operaciones para que su organización criminal cumpliera el sueño fallido de Amado Carrillo Fuentes, jefe histórico del Cártel de Juárez, quien llegó a vivir en Buenos Aires en los 90 con el objetivo de tomar por asalto la ciudad, pero nunca lo logró.
Los Cuinis lograron infiltrarse con éxito mediante operaciones de lavado de dinero de hasta dos millones de dólares y con grandes instalaciones de droga: un año más tarde, 2008, la Policía Federal de Argentina, con información de la DEA, irrumpió en una casa en la localidad de San Miguel, en los suburbios de Buenos Aires, y halló a dos mexicanos con 750 kilos de cocaína. Como los envoltorios de los ladrillos tenían diferentes colores, lo llamaron Operación Arco Iris.
Un incidente menor irrumpiría esa racha. En marzo de 2009, tres mexicanos —empleados de Gerardo González— tuvieron un choque automovilístico en Buenos Aires. Envalentonados por ser integrantes de un poderoso cártel, amenazaron a los policías y eso desató una investigación que descubrió sus ingresos irregulares a Argentina, sus nexos con el cuñado del “Mencho” y presuntas operaciones de dinero sucio de las compañías que pagan sus sueldos. Los focos rojos se encendieron y el número 2 de Los Cuinis debió hacer maletas de nuevo para fugarse a Uruguay, donde finalmente fue detenido en Montevideo.
Sin embargo, la semilla estaba plantada. Y cuando Los Cuinis dieron forma al Cártel Jalisco Nueva Generación, la gente del “Mencho” consolidó sus operaciones en Argentina, atraídos por frontera con Bolivia, gran productor de cocaína, y por sus cientos de puertos —grandes y pequeños— que zarpan hacia España, Bélgica, Países Bajos y otros países europeos. Una tierra estratégica para su crecimiento global.
“La primera investigación en Argentina contra ya como CJNG fue en 2017 cuando, otra vez, con datos de la DEA, la Policía Federal incautó 2 mil 233 kilos de cocaína en láminas de acero, el caso de las Bobinas Blancas, antes de que las exportaran hacia Canadá y España. Por el operativo fallido, el cártel mandó a matar a uno de los responsables de la operación. Eso sucedió la noche del 4 de junio de 2018 en el coqueto barrio de Belgrano”, recuerda Agustín Ceruse, periodista argentino de Encripdata, un sitio especializado en crimen organizado.
Ese fue el momento cúspide del Cártel Jalisco Nueva Generación en Argentina. Desde entonces, los especialistas aseguran que el cártel mexicano ha perdido presencia, distraídos por nuevas conquistas. En cambio, el presidente Javier Milei cree lo contrario: que la familia que sobrevive al “Mencho” aún es una amenaza latente, por lo que que este jueves la República Argentina declarara al Cártel de Jalisco Nueva Generación como una organización terrorista, imitando las medidas del mandatario Donald Trump.
“Pero hace años que no se detecta la presencia de organizaciones mexicanas en territorio argentino. Los últimos casos fueron de células colombianas. Tal vez detrás de ella sí estén organizaciones mexicanas o tal vez brasileñas, como el Primeiro Comando da Capital (PCC), pero las autoridades argentinas rara vez llegan a poder identificar las conexiones internacionales, asegura el investigador.
La designación luce exagerada. Argentina actualmente es un país de consumo de cocaína y marihuana; acaso, también drogas sintéticas, pero muy limitado a fiestas electrónicas o consumidores de clase alta. El desinterés del CJNG ha sido notorio en los últimos años.
“La política exterior de Javier Milei es sumarse, con las herramientas que tiene un país como el suyo, a la geopolítica de los Estados Unidos. En ese contexto, su gobierno declaró hoy al CJNG como organización terrorista porque así lo había hecho Trump el año pasado. Como su gabinete no lo resolvió en ese momento, aprovechó la muerte "Mencho" para concretarlo ahora. La decisión en Buenos Aires es retórica y para profundizar la buena sintonía con Washington”, explica Ceruse.
Con tal de agradar a la Casa Blanca, la Casa Rosada revive una vieja historia. Milei se faja los pantalones, en ausencia del “Mencho”, para pelear contra las sombras del Cártel Jalisco Nueva Generación.