El palacio del despecho

Ciudad de México /
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A lo largo de este año hemos realizado distintos eventos con el fin de conmemorar el centenario de natalicio de mi querido padre. Nos hemos movido por distintos puntos de la ciudad de México, principalmente, para revivir los sitios más emblemáticos que vivió José Alfredo cuando llegó a los 10 años de edad a instalarse en el entonces Distrito Federal.

Hace un año tuve la oportunidad de conocer a la maestra Violeta Abreu, gracias a que nuestro querido amigo León Faure nos puso en contacto. Sentí la confianza de solicitarle la emisión de un timbre en honor a papá. Los diferentes encuentros que tuvimos nos llevaron a pensar que emitir una serie de seis compositores, tres hombres y tres mujeres, sería un gran homenaje a la música creada por nuestros autores, ya que representa a nuestro país en todo el mundo, no sólo de habla hispana, pues las canciones de México suenan en distintos continentes y países que no hablan español.

Por eso quiero invitarte, querido lector, a visitar el Palacio Postal, quizás el edificio más hermoso del Centro Histórico. La idea de tener estos seis sellos nos motivó para presentar tres exposiciones relacionadas con los compositores mexicanos elegidos.

El entusiasmo y la creatividad del equipo que colabora en Correos de México los impulsó a abrir una sala más, con una característica particular: las canciones hay que cantarlas, así que tenemos El palacio del despecho con karaoke y una playlist que podrás disfrutar.

“Canto al pie de tu ventana pa que sepas que te quiero; tú a mí no me quieres nada, pero yo por ti me muero. Dicen que ando muy errado, que despierte de mi sueño, pero se han equivocado porque yo he de ser tu dueño…”.

México se reconoce en el mundo por su arte prehispánico, su plástica y su música. “Bésame mucho” fue interpretada incluso por Los Beatles, es un tema que se canta en todos los rincones de la tierra y traducido a distintos idiomas. Yo tengo el privilegio de haber trabajado cerca de Consuelito, la gran compositora, quien llegó a ser no sólo presidenta de la Sociedad de Autores y Compositores de Música en México, sino de la Cisac, es decir de la Sociedad Internacional; es y seguirá siendo una de las compositoras más importantes de nuestro país.

Cada timbre tiene un guiño del mundo personal del autor, y lleva a México entero en su mensaje. Las otras dos grandes compositoras son Emma Elena Valdelamar y María Grever. Qué manera de escribir, de poner las emociones en palabras y cantarlas para que el alma sienta e identifique los sentimientos que nos mueven.

Quién no ha cantado Júrame: “Que, aunque pase mucho tiempo no olvidarás el momento en que yo te conocí… o Yo sé que en los mil besos que te he dado en la boca se me fue el corazón…”. Palabras de mujer hechas versos, poemas que el mundo canta para reflejarse en el espejo del amor.

Para Juan Gabriel, nuestro querido Juanga, hay un espacio especial porque se recuerdan 10 años de ausencia, es evidente que hay “Amor eterno”, porque supo dejar en los corazones el modo de enfrentar la emoción sin velos, sin miedo, con ganas de sentir.

“Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para que tú al volver no encuentres nada extraño y sea como ayer y nunca más dejarnos…”.

Tomás Méndez y José Alfredo, amigos y compadres, conmemoran este año su centenario. El cariño que los unió sigue vivo a través de los lazos familiares. Dicen que Tomás es el compositor de las aves; sin embargo, fue Jiménez el que comenzó a escribir canciones a su Paloma querida.

Cuando mis padres fungieron como padrinos de Mónica, la segunda hija de Tomás y Conchita, ellos decidieron que la niña se llamaría Mónica Paloma. Dos de las canciones más hermosas de Méndez son precisamente “Paloma negra” y “Cucurrucucú Paloma”, mundialmente conocidas.

Su timbre lleva estos versos: “Pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos y mi cariño con la aurora te vuelve a esperar…”.

El sello de José Alfredo manifiesta esta leyenda: “Cómo puedo pagar que me quieran a mi por todas mis canciones…”.

La exposición se llama El hijo del pueblo, pueblo como una gran metáfora que no incluye fronteras; porque él le cantó al amor, de corazón a corazón sin poner límites, pues el amor es universal, no está confinado y cantar, aunque no tengamos amplia tesitura ni afinación precisa, es saludable; es una terapia profunda.

Joaquín Sabina, en un tema que dedicó a Serrat canta: “…ese alquimista de las emociones que cura las heridas con canciones…”. No cabe duda, ya me lo decía a mí mi padre después de haberme recuperado de una bronconeumonía casi letal: “Canta, canta, canta que tu dicha es tanta que hasta Dios te adora, canta, canta, canta Palomita blanca, mientras mi alma llora…”

Cantamos a la vida y cantamos a la muerte, más en estas fechas que se aproximan los días de muertos. Pues ya que estás haciendo una visita al Palacio Postal, camina, lector, unas cuantas cuadras hacia Isabel la Católica e Izazaga para ver el altar que la Universidad del Claustro de Sor Juana le ha dedicado a José Alfredo en el año de su centenario, titulado: En el último trago, sobre el escenario del auditorio Divino Narciso, que es otra de las bellezas que resguarda nuestro Centro Histórico.

Divago, analizo y me meto dentro de mis pensamientos. La monja, siempre filósofa, siempre analítica, tomando la razón por el mango antes de escribir cualquier palabra. Imagino a Sor Juana desplazándose por el estrado, recitando así: “Nunca hallo gusto cumplido, porque entre alivio y dolor hallo culpa en el amor y disculpa en el olvido. Esto de mi pena dura es algo del dolor fiero y mucho más no refiero porque pasa de locura. Si acaso me contradigo en este confuso error, aquel que tuviese amor entenderá lo que digo”.

Mas, de repente, entra el mariachi y se escucha a José Alfredo: “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores: otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores”.

Aquel que tuviese amor entenderá lo que digo.



  • Paloma Jiménez Gálvez
  • paloma28jimenez@hotmail.com
  • Estudió la maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana, y es Doctora en Letras Hispánicas. Desarrolló el proyecto de la Casa Museo José Alfredo Jiménez, en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Publica su columna un sábado al mes.
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