Hoy es mi cumpleaños y me alegra muchísimo festejar sabiendo que tú, querido lector, estás viendo esta columna. Cien años habría cumplido mi padre el 19 de enero pasado, hecho que nos ha motivado a muchos a realizar distintos homenajes y conmemoraciones. Iniciamos los actos en puntos distantes y diversos.
Gracias al Gobierno de México, al del estado de Guanajuato y la afortunada coyuntura al coincidir fechas con Fitur, la feria más importante a nivel mundial dentro del área turística, se realizó la primera ceremonia en los jardines de la embajada de México en España, frente a un busto de bronce realizado por el escultor Ariel de la Peña, que fue develado con motivo de su 50 aniversario luctuoso, hace dos años en la misma temporada.
Durante el evento, el rostro de mi padre sonreía frente a mí. A pesar del frío, el ambiente era cálido y emotivo, susurraba la fuente que ponía distancia entre el podio y los asistentes, entonces sentí su presencia y llegaron a mí los versos de “El hijo del pueblo”:
“Es mi orgullo haber nacido en el barrio más humilde, alejado del bullicio de la falsa sociedad. Yo no tuve la desgracia de no ser hijo del pueblo. Yo me cuento entre la gente que no tiene falsedad…”.
Papá estaba siendo festejado en un sitio diplomático, muy distante de su barrio, pero que representaba a todo México dentro de aquel territorio. Las palabras de cada uno de los participantes iban definiendo la trayectoria de José Alfredo, elogiando su obra. Por mi parte, yo había escrito una carta de agradecimiento que, probablemente, leíste en MILENIO el día que se cumplió el natalicio.
“Mi destino es muy parejo, yo lo quiero como venga, soportando una tristeza o detrás de una ilusión; voy camino de la vida muy feliz con mi pobreza; como no tengo dinero tengo mucho corazón…”.
Segura estoy de que fue ese corazón el que lo llevó a escribir las casi 300 canciones que compuso. Un corazón que dejó aflorar los sentimientos, que no le tuvo miedo al dolor, lo dejó latir en su pecho; tampoco al amor o a las pasiones, pues las vivió y las describió con facilidad, destreza y arte. Su lírica es sencilla y poética, por eso nos abraza y nos atañe a todos.
“Descendiente de Cuauhtémoc, mexicano por fortuna, desdichado en los amores, soy borracho y trovador. Pero cuántos millonarios quisieran vivir mi vida pa’cantarle a la pobreza sin sentir ningún dolor…”.
La mexicanidad era parte de su orgullo y en esa autenticidad su obra se proyectó al mundo hispánico. España y América Latina se identifican con la lírica de José Alfredo porque hemos compartido durante siglos las mismas raíces.
Por la tarde, en el Instituto Cultural de México, se inauguró una muestra representativa de la Casa Museo, estimulada por el Gobierno de Guanajuato, en particular, por el entusiasmo y la generosidad de la maestra Líbia Denise García Muñoz Ledo, gobernadora de ese estado. Entonces, allende nuestras fronteras, en otro continente, lejos, muy lejos de su humilde barrio, conmemoramos el centenario de mi padre.
“Es por eso que es mi orgullo ser del barrio más humilde alejado del bullicio de la falsa sociedad…”.
Y casi al mismo tiempo Guanajuato, Mazatlán, Guadalajara, Garibaldi en la Ciudad de México fueron conmemorando de distintas maneras al rey de la canción ranchera. El 30 de enero, la Lotería Nacional llevó a cabo el sorteo que celebró el centenario de José Alfredo en la plaza principal de Dolores Hidalgo, Guanajuato, Cuna de la Independencia Nacional. Esto fue el arranque, pero tenemos muchas ideas en la mesa que iremos realizando todo el año para seguir conmemorando el centenario. Habrá película, habrá timbre y con seguridad actividades que acercaran a las nuevas generaciones a la figura del compositor.
Vivimos una época muy compleja que nos ha permitido unir o separar. Jamás la comunicación había tenido esta velocidad; sin embargo, eso también acelera nuestro ritmo de vida y, por ende, el ritmo interior. Las redes pueden generar odios, reclamos y animadversión. No obstante, no perderemos el noble objetivo, ya que nuestra intención va más allá de nosotros, que no se diluya ni se pierda su obra. Nos anclamos en las palabras del poeta: