A cien años del conflicto

Estado de México /
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El 1 de agosto de 1926 iba a entrar en vigor la Ley Calles, que asfixiaba la vida de los católicos mexicanos, reglamentando el tema en la Constitución. No obstante los esfuerzos y los millones de firmas presentadas al gobierno, éste no cedió y determinó aplicar esa ley. Los obispos decidieron entonces suspender el culto público, pues las condiciones en que lo ponía esa ley eran muy graves.

Eso dio lugar al levantamiento armado, por parte básicamente de laicos, que consideraron que esa vía era la única que les dejaban, mientras que otros sufrieron persecución y sufrieron el martirio. Los obispos mexicanos, ahora en 2026, han publicado un documento importante, del que quiero transcribir algunos párrafos del inicio, para despertar el interés por leerlo:

"Hermanos que se mataron entre hermanos. Esa es la definición más exacta de una tragedia. Como pastores no podemos hacer esta memoria desde la comodidad de la propia inocencia. Con humildad reconocemos que en aquellos años, junto al heroísmo, hubo también entre algunos católicos dureza de corazón…

Pedir perdón por lo propio no debilita la denuncia de lo ajeno, la hace más creíble… Y por eso lo decimos con firmeza profética: la persecución contra la Iglesia fue real. Hubo templos cerrados y profanados, sacerdotes fusilados sin proceso, religiosas expulsadas, laicos ahorcados en los postes de los caminos, miles de asesinados, deportaciones, delaciones y niños convertidos en víctimas.

Nombrar esas injusticias no es agraviar a nadie: es cumplir con el deber de la verdad, sin la cual no hay reconciliación posible, sólo silencio impuesto. La sangre del hermano clama a Dios desde la tierra; pero la sangre de Cristo, y con ella la de sus mártires, es mucho más elocuente que la de Abel; no pide venganza, es una entrega para que haya vida. Callaron entonces las campanas de los templos, habló su sangre, y su voz ha llegado hasta nosotros”.

"(...) Reconocemos con gratitud y con sentido histórico los pasos dados por nuestro país: las reformas constitucionales de 1992, la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en julio del mismo año, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013. México dejó atrás la etapa del enfrentamiento y la simulación. Agradecemos a cuantos, desde el gobierno y la sociedad civil, han hecho posible un clima de respeto y de colaboración por el bien común forjando un Estado mexicano con mayor libertad".


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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