La palabra “Antropología”, que empezó a usarse en el renacimiento, proviene del griego “anthropos” (hombre) y “logos” (estudio). La primera acepción, de dos, que nos da el diccionario académico es la de “estudio de la realidad humana”. Lógicamente esto nos lleva a preguntarnos cuál estudio, puesto que la realidad humana puede ser estudiada desde varias perspectivas. Entonces el diccionario nos ofrece la segunda acepción que dice que se trata del “conjunto de ciencias que estudian los aspectos biológicos, culturales y sociales del ser humano”.
Ya que hablamos de un conjunto de ciencias y se nos indican tres aspectos, parecería que tendríamos tres ciencias antropológicas, pero en realidad la división podría extenderse, puesto que los aspectos mencionados son más bien indicativos y no creo que se pretendiera establecer con ellos una división definitiva, porque eso no correspondería a los fines del diccionario.
La perspectiva biológica nos sitúa en una antropología que estudia a los humanos en sus varias especies a través del tiempo, e incluso para algunos otros homínidos. Esta antropología incluiría, por ejemplo, la antropología forense y la paleoantropología. Otra perspectiva es la arqueológica, que estudia el pasado de los seres humanos a través del material que ha quedado de ellos, como artefactos y construcciones. Los arqueólogos buscan patrones del comportamiento y de la cultura de los seres y grupos humanos a través de los materiales que han quedado de ellos. Podrían señalarse otras perspectivas desde la antropología lingüística y la etnografía.
Más allá de estas antropologías, ligadas a estudios empíricos, podemos notar la importancia de la llamada “Antropología filosófica”, que estudia al ser humano desde la perspectiva de las preguntas fundamentales sobre el mismo, tratando de descubrir y estudiar su esencia, su fin o su destino, el sentido de su existencia y otras preguntas similares. La antropología filosófica es fundamento de la ética o de la filosofía moral, es decir a la pregunta sobre el bien y el mal, así como de la filosofía social y otros estudios filosóficos afines.
Finalmente, cabe decir que las religiones implican una antropología, aunque no sea explícita. Para los cristianos existe una antropología teológica centrada ante todo en la especial valoración de la persona humana como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios y salvada por Jesucristo. En esta perspectiva, la antropología teológica no es vista como alternativa a los estudios biológicos, arqueológicos, culturales, etc. sino como integradora del saber sobre la realidad humana.