A través de los siglos

Ciudad de México /

Encontré en la Feria del Libro de Guadalajara, en el puesto de venta de la UNAM, un libro extraordinario, único en su género: La Ciudad de México a través de los siglos (UNAM, noviembre de 2018). Si estos libros circularan en librerías y no fueran por desgracia un cementerio editorial tendríamos uno de los mejores estudios de la Ciudad de México en librerías. Coordinado por Jorge Alberto Manrique, este grueso tomo cuenta nuestra historia urbana desde Tenochtitlan hasta la megalópolis que habitamos.

En su sencillez, la idea es magnífica: 19 itinerarios, los primeros abarcan la parte antigua de la ciudad: la Plaza Mayor, el Palacio Nacional, la Catedral, el Sagrario, el Templo Mayor, el ex Ayuntamiento así como cuatro cuadrantes originales: San Pablo (Teopan), San Sebastián (Atzacoalco), Santa María la Redonda (Cuepopan) y San Juan de Letrán (Moyotla). Los 14 itinerarios restantes se organizan, cuenta Manrique, por los ejes mayores de la ciudad y junto a ellos barrios, colonias y rumbos.

La Ciudad de México a través de los siglos consigna datos urbanos hasta 2014, cuando se cerró la investigación. Este estudio contiene un conocimiento impresionante y puede apasionar a cualquier caminante de la ciudad.

Pongo un ejemplo: en 1514 se encargó al alarife Alonso García Bravo, a Bernardino Vázquez de Tapia y a algún otro conquistador la traza de la nueva ciudad, que conservó de manera parcial las disposición anterior, pero fue de estirpe renacentista. Se conservaron las calzadas de Tlacopan e Iztapalapa como ejes principales de la ciudad para dar entrada a la plaza mayor.

Conocer la Ciudad de México, proponen Manrique y su equipo de notables investigadores, muestra nuestra historia y, a la vez, nuestros símbolos, por los que acaso sin saber cruzamos cada día, en cada calle.

Estos 19 itinerarios revelan una historia nueva de la ciudad. Por eso mi lamento de que no se distribuyan en librerías esfuerzos intelectuales y académicos notables. Tal vez el rector Lomelí podría lograr un cambio en esa triste e indomable tradición que consiste en enterrar un libro si aparece publicado por la UNAM. La institución debería ser el canon académico y cultural. Al parecer estamos lejos de esa aspiración. Publicamos en desorden y sin mucho cuidado; total, nadie lee.

Se me ocurre todo esto leyendo el libro coordinado por Manrique, un libro excepcional, los desafío, consíganlo.


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