José Agustín

Ciudad de México /

Nos habíamos citado en un restorán de la Plaza de San Jacinto: la Fonda San Ángel. Él era ya un escritor con una obra mayor en las letras mexicanas mientras yo hacía mis primeras armas en el periodismo literario. Una reunión de paz bautizada por varios whiskys, demasiados. El suplemento La Cultura en México dirigido por Monsiváis y del cual yo formaba parte le aventaba el caballo a cada nuevo libro de Agustín. Monsiváis intrigaba y algunos de los jóvenes del consejo de redacción seguían esa trama oscura. Monsiváis le armaba un juicio sumario a cada nueva entrega novelística de Agustín.

Esa tarde hablamos largo de ese asunto y otros de la vida cultural que le había escatimado el éxito de sus libros y su talento narrativo. Recuerdo que me abrí de capa y le dije no sin admiración que había leído todos sus libros sin pausa. Lo dejé de noche en la estación de camiones de Taxqueña, él regresaba a Cuautla en condiciones ingrávidas y yo graves, por decir lo menos, en mi regreso a la colonia Condesa.

Desde luego volví a verlo varias veces y en su casa de Cuautla nos contó a los invitados de su nueva novela: Dos horas de sol (1994), su regreso narrativo a Acapulco. No lo sé con certeza, pero pudo ser el año 1993.

Escribo esto mientras pienso en la muerte de José Agustín. Podría decirse que a principios de la década de los setenta, un público joven y en rebeldía esperaba la llegada de un escritor y un libro. Ese escritor era José Agustín y el libro Se está haciendo tarde (Final en Laguna) (1973). Por si quedaban dudas, Agustín había logrado una novela y una estética, un estilo consumado y un ámbito personal en el que se iniciaron los lectores de toda una generación. Desde luego me cuento entre ellos.

Sus novelas y sus cuentos han perdurado a través de los años. Esa obra se convirtió en una referencia cultural. Menciono cuatro títulos: El rey se acerca a su templo (1976), Ciudades desiertas (1982), Cerca del fuego (1986), Luz interna (1989).

No creo exagerar si digo que Agustín le puso una puerta nueva a la casa literaria mexicana. Por ella entramos y salimos muchos lectores y escritores.


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