Entre archivos viejos, me encontré con los rescates culturales que realizaron los gobiernos de Francia, Canadá, España y Estados Unidos después o durante la pandemia. Los he releído con envidia no tanto por la cantidad de recursos disponibles, una locura para nuestros presupuestos, como por la forma en que cuidan su memoria y reparten con transparencia sus dineros.
Descubro el hilo negro: México no tuvo un plan de rescate cultural. Editoriales quebradas, librerías desaparecidas, compañías teatrales sin futuro, industria cinematográfica destruida, grupos de danza sin porvenir, miles de desempleados.
Mientras la cultura en México se desmorona, avanza un proyecto enloquecido para los tiempos que corren: liquidar la diversidad cultural.
Quien se acerque a la más reciente encuesta de Gea y Caniem sobre las librerías tendrá una idea de qué se trata este proyecto: quebrar la bibliodiversidad. Ejemplo: un país con una industria editorial en crisis regala 25 millones de pesos en libros a Venezuela, Cuba, Colombia, Argentina. No es una vacilada, así ocurrió en 2025. Este es el programa de Taibo, regalar libros a dictaduras y países que no necesitan obsequios editoriales.
La ineptitud y el autoritarismo siempre hacen huesos viejos. Para Taibo, los programas de fomento a la lectura no son parte de un apoyo cultural, sino de corrupción, su estalinismo, y uso la palabra sin exageración alguna, así lo impone en la vida pública.
No tiene remedio: mientras nos ocupamos de los graves escándalos del nuevo autoritarismo mexicano, las librerías cierran; mientras revisamos los pleitos internos de Morena, las editoriales apagan sus luces y cierran sus puertas; mientras analizamos el discurso de las mañaneras, el cine vendrá a menos, y el teatro, y la danza.
Me dirán que exagero. No. Todo esto ocurre ya a diario. También pienso en el silencio del gremio, nadie levanta la voz, salvo las excepciones conocidas, no oigo una sola queja pública, muchas privadas, eso sí.
No voy a referirme aquí a los legisladores cuyo trabajo podría ser muy importante aun en minoría, pero en realidad les importa poco o nada. No mueven un dedo, en el fondo tienen miedo de los castigos del oficialismo.
Como suele pasar con los cataclismos, mucho tiempo después alguien se preguntará: ¿cómo ocurrió todo esto?