Un dato: desde hace veinte años ocurre una desgracia cotidiana que ningún gobierno ha atendido. Con dramática puntualidad, cada uno de estos años se cierran un promedio de 22 librerías. Chicas, medianas y grandes, simplemente desaparecen. Me entero de esta cifra escandalosa leyendo un artículo de Gerardo Jaramillo quien además me ha hecho llegar la encuesta que la Asociación de Librerías de México (Almac) encargó en 2025 al grupo de Economistas Asociados para conocer los beneficios de la tasa cero de IVA a la producción de libro.
La encuesta se encuentra en manos de las autoridades de Hacienda, de Cultura, incluso la Presidenta tiene noticias, pero no parece provocar algún interés el desastroso resultado. Se lee menos (la población alfabeta mayor de 18 años que lee cayó de 84% en 2015 a 69.6 en 2024); de esa población alfabeta, 21.1% asistió a una librería en 2015, en el 2024 solamente 13.8 por ciento se animó a entrar a una librería. 86 de cada cien personas alfabetas no han traspasado el umbral de una librería.
Gea ofrece esta cifra escalofriante: en 2003 había 2 mil 823 establecimientos dedicados al comercio del libro; en 2023, ese número se convirtió en 2 mil 365 librerías. En dos décadas desaparecieron 458. Una caída de 16% aun cuando la población aumentó de 103 a 131 millones de habitantes. (Ciro Murayama, El Financiero, abril 2026).
Las librerías mueren y las editoriales con ellas. México se acerca al fin de la diversidad cultural. No es una gran noticia, si la comparamos con otros terribles hechos, pero con el tiempo será catastrófico.
Ahora pongamos esto en la mesa: 25 millones de libros para regalar en Cuba, Venezuela, Colombia, Argentina. Esa es la política de Taibo, dueño del libro en México. Regalar, leyó usted bien.
Taibo y su gente consideran que vender libros al gobierno es un delito, un chayo; regalarlos, en cambio, una forma de engrandecer la revolución cultural.
La política pública, si alguna, trata de acabar con la diversidad cultural. Entre menos editoriales mejor, no necesitamos tanto, con los pedazos del Fondo de Cultura tenemos, y lo que ha quedado de Educal.
No deja de llamarme la atención que nadie se inconforme, cuando sé que todos la pasan mal, o por lo menos la mayoría de las librerías y las editoriales. Ni hablar.