Mal dormir

Ciudad de México /

Duermo mal. Médicos amigos me dicen que en estos tiempos la cosa es así y no cambiará. Mi hija, dedicada a la neurociencia, dice que la amígdala cerebral, núcleo de las emociones, se queda encendida, por decirlo así, durante la noche. Eso entendí yo, no quiero comprometerla. A las tres de la mañana abro el ojo y camino a oscuras con la amígdala al máximo. Convendrán conmigo en que se trata de una hora maldita.

Si el llamado de la amígdala ocurre a las cuatro y media, no tengo problema. Despierto, me hago un café, tomo el libro en turno y en un rato son las seis. Casi diría que hay un extraño placer en esas horas de silencio. Pero a las tres, no hay derecho. Las tres de la mañana pertenecen al reino de las benzodiacepinas.

Los médicos afirman que el confinamiento a que nos ha obligado la pandemia ocasiona serios trastornos nocturnos. Entonces, como Macbeth, el covid ha asesinado al sueño.

Recordé a Borges, gran insomne. Busqué una entrevista en el diario El Día de La Plata. Mayo de 1973, Borges habló así de su padecimiento: “Yo trataba de olvidarme de mí mismo para dormir, pero seguía pensando en mí. Acostado, pensaba minuciosamente en mi cuerpo, en los libros, en los muebles, en la habitación, en el patio de la quinta, la verja, las casas vecinas… entonces imaginé ese personaje que es una metáfora del insomnio: Funes, el memorioso. Yo lo escribí, no sé si bien o mal, pero con un buen resultado terapéutico. Para escribirlo imaginé lo que sería un hombre que no pudiera olvidarse de nada y no pudiera dormir”.

En 1981, Borges escribió en La cifra “Dos Insomnios”: “¿Qué es el insomnio? La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta. Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y seguir siendo, es el alba dudosa”.

El alba dudosa. Igual y hoy no tomo Tafil, ni Tasedán, ni nada, mejor oigo las duras campanadas fatales. 


rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay

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