Una daga

Ciudad de México /

He escrito muchas páginas sobre mi madre, una más a nadie le hará daño y a mí me hará bien recordarla una vez más en la vigilia, no sólo en el mundo de los sueños. He odiado con toda mi alma este día con sus comidas y regalos, confesiones, hijos borrachos declarando su amor infinito por su progenitora. Siempre fui a esas reuniones, nunca falté, soy débil.

Aquí entre nosotros, les digo que mi madre también asistía a esos festejos de mala gana. Me lo decía, les juro, en un aparte: ¿y todo este circo? Un día la sorprendí, a ella, que nada ni nadie la sorprendía: te traigo un regalo, má. ¿Qué es? Yo guardaba un silencio dramático y le decía:

¡camarones!

Mi madre no comía un camarón ni aunque la mataran. Raro porque cuando ella era joven, me contó, enviaban de Campeche, el paraíso de sus padres, cajas embaladas en hielos con grandes camarones. No me disfrazaré de Lacan, olvídenlo. En cambio la desafiaba: te doy 5 mil pesos por cada camarón delicioso que te comas. En esa ocasión se ensombreció: ¿sabes cuántas veces me ofrecieron dinero para firmar cheques falsos? Cuéntame, le dije. Un día, me respondió, pero ese día nunca llegó, se llevó esa historia a la tumba.

Mi mamá tenía un carácter oculto duro como el coyol. A una hora en que la reunión tomaba rumbos más que frívolos por los invitados a quienes ella consideraba indeseables, me decía: ¿Quién me puede llevar? ¿O pido un taxi? Yo te llevo. No, tú ya bebiste. Ohquela. Pero yo tenía un truco para retenerla: contarle detalles de noticias que ella conocía. No lo soporto, me decía mi madre: míralo, todos lo tienen que oír, si ves sus zapatos sabrás todo de él, y su sonrisa chueca. Yo ya me voy.

Sé que poner palabras en la boca de los muertos siempre despierta desconfianzas, no importa, también podría ser ficción, pero no lo es, juro. Así decía mi padre: te lo juro por la vida de mis hijos. Y mi mamá le decía: jura por tu vida, no por la de tus hijos.

Mi madre abandonaba la reunión, un poco porque a su edad los minutos son como horas y horas, otro tanto porque no soportaba a López Obrador, la descomponía. La estoy viendo en la mesa acomodándose su aparato para la sordera. Y no olvido la daga de su mirada en el día de las madres.

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