La selección de futbol de Irán no es un equipo menor, ni mucho menos y, en todo caso, se clasificó para competir en el Mundial norteamericano que tenemos a la vuelta de la esquina.
Están en guerra los Estados Unidos y la República Islámica de Irán, como bien sabemos, pero los jugadores de la agrupación iraní no son combatientes ni espías ni agentes de los servicios especiales sino meros deportistas dedicados a lo suyo, a estar en buena condición física, a dominar el balón en una cancha, a driblar, a defender posiciones, a marcar al adversario y, llegado el momento, a anotar goles.
Pues bien, el inefable Donald Trump, presidente de una de las tres naciones que organizan el supremo campeonato futbolístico, respondiendo a preguntas sobre la circunstancia de que el equipo iraní va a pisar los terrenos de juego en los estadios de la Unión Americana, gruñó que “no puede garantizar la seguridad de los jugadores”, una declaración absolutamente inaudita, siendo que, como país anfitrión, está obligado justamente a eso, a que los integrantes de los equipos que participan no corran ningún peligro.
The Donald no armó el tinglado, desde luego, sino que es otro numerito de doña FIFA, uno de los tantos que organiza para que a la caja recaudadora le sigan lloviendo billetes verdes –o yuanes, vistas las cosas, porque el reinado del petrodólar parece que está llegando a su fin— pero la seguridad de los competidores, vengan de donde vengan, es directísima responsabilidad suya.
Y, bueno, qué me dicen ustedes de don Infantino, el mandamás de la pandilla futbolística mundial, que no sólo cierra la boca y mira hacia otro lado sino que le obsequió a Trump –sí, señoras y señores, al mismo sujeto que está bombardeando Irán y matando civiles en estos momentos— un mentado “Premio FIFA de la Paz”, háganme ustedes el favor, para ganarse los favores del caprichoso mandatario sin que le quite el sueño aparecer como un rastrero y servil adulador ante el resto de los mortales del planeta.
¿El mentado Infantino será entonces quien pagará de su bolsillo los servicios de guardaespaldas y escoltas para garantizar que algún loco, de esos que abundan en las comarcas septentrionales de nuestro subcontinente, no les descerraje a los futbolistas iraníes los proyectiles del AR-15 (semiautomático, eso sí) que compró en la tienda de la esquina?
Está de escándalo el asunto…