Es un asunto de prestigio, supongo. Y, naturalmente, de dinero aunque los clubes también pagan muy buenos emolumentos.
Hablo de dirigir la suprema selección futbolística de algún país, amables lectores.
Muchos quieren, desde luego, y en estos pagos un personaje como Hugo Sánchez no sólo se ha apuntado incansablemente, una y otra vez, como candidato al puesto luego de haber ya llevado las riendas del Tri durante poco más de un año (2007-08) sino que también critica sin respiro a los señores directivos del balompié estadounimexicano por elegir a técnicos venidos de fuera para ocupar el banquillo de nuestro deslucido conjunto nacional.
Pero, a ver, un entrenador de un equipo de liga trabaja semana a semana con sus pupilos y tiene por ello mismo la invaluable oportunidad de diseñar constantemente estrategias, de evaluar cotidianamente el desempeño de cada uno de sus jugadores, de ir consolidando un proyecto y, lo más importante, de competir en las canchas semana a semana.
Por el contrario, el director técnico de la selección que representa gloriosamente a un país arma apresuradamente un grupo con futbolistas venidos de todas partes y los pone a hacer la faena en apenas unos días cuando toca algún partido amistoso –o una de esas mentadas fechas FIFA— o, en el mejor de los casos, durante las semanitas de “concentración” previas a un Mundial.
¿Quién quiere un puesto parecido?
El señor Cocca no pudo amaestrar a sus jugadores más que tres o cuatro jornadas antes de lanzarlos a que se enfrentaran valerosamente a… Surinam y Jamaica. ¿Qué podíamos esperar, siendo que tampoco cuenta, digamos, con una cuadrilla plagada de deslumbrantes talentos?
Y es que, miren, la materia prima importa mucho. Una de las más incomprensibles e irritantes decisiones que tomó don Martino fue no traer al Tri a los pocos goleadores mexicanos que intervienen en el futbol internacional, así fueren el Chicharito Hernández o el mismísimo Carlos Vela, por no hablar de Santiago Giménez.
Y, bueno, ya vieron ustedes los resultados en el pasado Mundial.
Hugo Sánchez proclama que el tema de ser campeones planetarios es primeramente una cuestión de que los mandamases del futbol mexicano se lo crean. Y asegura y refrenda y promete y jura y perjura que si le dejan al Tri durante tres mundiales –o sea, doce años enteros— entonces él va a conquistar el título.
Pues, es evidente que el hombre tiene empuje y que sí siente que México es capaz de tan portentoso logro.
No sabemos que tan quiméricos sean esos sueños pero, por lo pronto, tenemos lo que tenemos: un futbol mediocre pero, eso sí, con un puesto garantizado ya en la siguiente cita mundialista. Qué flojera…