Enfrentados, pero disfrutando siempre el futbol…

Ciudad de México /
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Le doy vueltas y más vueltas al tema y no logro descifrar la causa concreta de mi aversión por el equipo de Coapa, un sentimiento que creo que comparto con muchos otros aficionados en este país.

La antipatía universal que despertaron los argentinos en el pasado Mundial es mucho más explicable: malos perdedores, inelegantes, abusivos y marrulleros, simplemente no conquistaron el apego que merecieron otras selecciones que, ahí sí, exhibieron mejores maneras en la cancha, aparte de buen futbol.

En lo personal, la mentada “garra charrúa” de los uruguayos, hecha de destemplada rudeza y violencias, tampoco me resulta nada atrayente por más que sea muy meritorio que un país tan pequeño sea uno de los protagonistas del futbol planetario.

Y, bueno, cuando ves la deslumbrante exhibición de talento de los franceses no puedes, por el contrario, dejar de sentir que te recorre una oleada de admiración por toda tu individualidad futbolera de la misma forma como los ingleses, rivales directísimos del Tri, terminaron por caernos muy bien a los mexicanos, después de todo.

Pero, qué caray, lo del América es más difícil de precisar. ¿Es nuestro ancestral resentimiento hacia los acaudalados en tanto que los maneja una muy poderosa corporación? ¿Cómo, entonces, es que Rayados de Monterrey no nos mete tanto ruido siendo que sus arcas rebosan de caudales? Tigres no es tampoco un club pobretón, ni mucho menos y en doña Liga MX los emolumentos de los señores futbolistas son tan sustanciosos que atraen poderosamente a los jugadores de todo nuestro subcontinente.

Y, pues sí, son un tanto pretenciosos los americanistas pero en todos los equipos tienen lugar alardes, jactancias y engreimientos. Aunque, eso de que los directivos del América proclamen que su equipo debe ganar todos los torneos, y que cualquier otro resultado es un fracaso, pues como que denota mucha arrogancia y a lo mejor por ahí es donde va la cosa. Sus derrotas, en todo caso, nos resultan muy disfrutables.

En fin, ayer encararon los de Coapa a mis Chivitas y, justamente, los aficionados nos dividimos en dos bandos irreconciliables esperando el triunfo de nuestras correspondientes cofradías para restregárselo en las narices a los de enfrente.

Nuestra sociedad, desafortunadamente, vive momentos de muy preocupante enfrentamiento en el ámbito de la política. Las rivalidades futbolísticas han existido desde el origen mismo del juego pero no son ni lejanamente tan inquietantes.

Ahí está la grandeza del futbol. Y lo seguiremos disfrutando civilizadamente, más allá de nuestras posibles aversiones. Claro que sí.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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