Juegan los equipos sin la asfixiante presión de tener que ganar el título y, ¿qué pasa? Pues que los aficionados disfrutan un partido en el que se anotan carretadas de goles. Diez, para mayores señas, en el combate para hacerse con ese tercer lugar en el Mundial que no parece ilusionar a nadie, ya ni como premio de consolación.
Pero, entonces, esa espectacular Inglaterra que vimos ayer en la cancha, ¿no podría haber jugado así contra la Argentina y pasarle por encima? Pues no, señoras y señores, lo que está en juego, ese mentado título, es totalmente paralizante para algunos –creo que el propio Thomas Tuchel, director técnico de los ingleses, dijo que estaban demasiado preocupados de perder— y ocurre, también, que los del equipo contrario no sólo experimentan las mismas emociones y tormentos sino que disponen estrategias para entorpecer el juego de sus rivales.
Tenemos así, en muchos partidos mundialistas, encuentros muy espesos y rocosos marcados por el más calculador tacticismo en los cuales no hay audacia ni espíritu aventurero, en directo detrimento del espectáculo, más allá de que algunos especialistas se puedan solazar, precisamente, en la estudiosa contemplación de los métodos dispuestos por el entrenador.
En lo que toca al arbitraje –armado en torno a la fluidez del juego y, por lo tanto, aportando agilidad al desarrollo progresivo de los encuentros, lo cual es bastante agradecible— parece haber un consenso universal de que el equipo argentino ha sido favorecido y, paralelamente, un enojo, también global, de los aficionados.
Hoy, ante España, un equipo que nos ofreció ante Francia una verdadera cátedra futbolista con su manejo de balón y su ejemplar constancia –a diferencia de esos ingleses, miren ustedes, que se encerraron en su área y dejaron de jugar luego de anotar un mero golecito—, habremos de ver si persiste esa tendencia arbitral y si este Mundial, entonces, habrá quedado manchado por la sospecha de arreglos y oscuras componendas.
Ah, y en cuanto a las celebraciones de los suramericanos, pues una cosa es festejar y otra muy diferente es la arrogante patanería de unos seguidores que no conocen el significado de la palabra respeto.
Ahí también se han agenciado bastante animadversión los hinchas de la albiceleste. Pero, bueno, disfrutemos el espléndido futbol que nos van a ofrecer, hoy por la tarde, unos y otros, los tenaces argentinos y los maestros españoles. Grandes equipos ambos, ni qué decir…