Las cosas son lo que son

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  • Román Revueltas Retes

Ciudad de México /

El Tri fue un rentista de méritos ajenos. No llegó a su segundo partido del Mundial como una intimidante y avasalladora potencia futbolística, sino como el beneficiario de la derrota que Arabia Saudí le propinó a la Argentina. A partir de ahí, apostando a que el equipo suramericano atravesaba circunstancias difíciles, los aficionados estadounimexicanos se ilusionaron con que, ahora sí, iba a acontecer el milagro de vencer a una de las mejores selecciones del mundo, por no hablar de echar de la suprema competición a un conjunto que siempre le ha ganado a México en los torneos oficiales. La gran revancha, o sea. Una reparación histórica, en estos tiempos de feroces ajustes de cuentas.

Pero, miren ustedes, las cosas son lo que son y el orden del universo no se cambia a punta de deseos, expectativas o milagros. Quienes hemos estado madrugando en los últimos días para empaparnos de vivencias futbolísticas podemos afirmar, creo yo, que media docena de países, por lo menos, juegan mejor fútbol que Estados Unidos Mexicanos. Y, en lo que toca a Francia, Bélgica, Brasil y España (iba a poner a Inglaterra para conformar un quinteto de gigantes pero el partido que jugaron los británicos contra los estadounidenses fue muy decepcionante), están en una esfera inalcanzable para los demás participantes en el actual campeonato.

Ahora bien, un partido de fútbol se puede perder de muchas maneras. Ayer vimos a un equipo que se defendió bien en la primera mitad ante un rival bastante descompuesto. Después, ya no hubo mayor cosa. Pues, justamente, no se trata de eso, estimados lectores, sino de llegar al área contraria y de anotar goles.

Con todos sus futbolistas metidos en su propia área y con una propuesta de juego muy poco clara, el Tri se desgastó físicamente corriendo detrás del balón sin la menor productividad. Mucho esfuerzo y mucha entrega, hay que reconocerlo, pero ningún resultado.

Los males del fútbol mexicano son materia de las mismas reflexiones, una y otra vez: los directivos enfrascados en sus intereses, los torneos cortos, las prácticas monopólicas de los clubes que acaparan los puestos en la primera división, el conformismo, el tráfico de jugadores, las oportunidades negadas a los futbolistas jóvenes, etcétera, etcétera, etcétera…

Al final, el famoso quinto partido parece ser un logro todavía más inalcanzable que en los pasados Mundiales.

Por cierto, según los resultados de la ronda eliminatoria, antes de conquistar esa ansiada etapa se nos podría haber aparecido, como adversario a vencer en la cancha… Francia. Ustedes dirán…

Román Revueltas Retes


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