Mis Chivitas y el Toluca, lealtades divididas

Ciudad de México /

Este escribidor ha declarado aquí que sigue tibiamente a sus Chivitas. Lo notifica de manera un tanto matizada porque el fútbol, con todo y lo apasionante que le resulta, no le aviva los impetuosos sentimientos que le despierta la política: la aversión que experimenta hacia los engreídos americanistas, por ejemplo, no alcanza ni remotamente las cotas de repudio que siente frente a la maquinaria del comunismo.

Y es que no es nada comparable una afición deportiva, con todo y el fanatismo de algunos seguidores, con la realidad de un sistema totalitario y, hablando de los adherentes, la inofensiva y alegre exhibición de la camiseta de un club nunca será tan inquietante como la existencia de afiliados partidistas sectarios, totalmente inmunes a la razón y a la contundente materialidad de los hechos.

En fin, luego de tan innecesaria digresión y entrando ya en materia –o sea, en plan declaradamente mezquino justamente porque le exasperan grandemente los de Coapa y desea, por ello mismo, que los choriceros del Toluca conquisten su tercer título al hilo y que se lo restrieguen en sus narices a los antedichos americanistas— el tema es que este fin de semana se enfrentaron, justamente, los jugadores de la llamada perla tapatía y los futbolistas de la capital mexiquense.

Un desgarrador conflicto de lealtades, o sea. Porque, qué caray, por un lado sigo queriendo que mis Chivitas ganen todos sus partidos pero al mismo tiempo deseo, como dije, que los pupilos del gran Antonio Mohamed igualen al América en su cacareada hazaña de alzarse con tres trofeos seguidos y que con ello bajen a sus seguidores del ladrillito de soberbias al que se habían subido.

Ruindad pura, lo repito, y bastante costosa en lo personal porque aspirar que el Toluca quede arriba del Guadalajara es una suerte de traición a la causa chiva y le resta reconocimiento a la estupenda labor de Milito –tipazo de los pies a la cabeza, a diferencia del oportunista Gago— y sus generosos jugadores (olvidemos, por el momento, la ofuscación de Richard Ledezma, ayer).

Pero, bueno, así las cosas, la balanza se inclinó, luego de un trepidante partido, a favor del Toluca. Ya no sé si esto fue, en lo particular, una situación de ganar-ganar o, por el contrario, de perder-perder. Lo que sí es evidente es que la mezquindad no da buenos réditos.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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