¿No habrá Mundial ?

Ciudad de México /

El orden púbico no importa en este país o, en todo caso, se pretexta, cada vez que ocurren disturbios y algaradas, que el supremo gobierno de Estados Unidos Mexicanos no puede recurrir a la “represión” y, a partir de ahí, turbas de sujetos violentos perpetran saqueos, destrucciones de comercios y perniciosos cierres de vías de comunicación, sacando provecho de la inacción de las “autoridades”.

Los directísimos perjudicados –los viajeros que pierden vuelos al ser bloqueadas las rutas al aeropuerto, los pacientes conducidos en ambulancias inmovilizadas, los médicos que no pueden alcanzar el hospital o los miles de empleados y trabajadores que no logran llegar puntualmente a sus centros laborales— parecen no figurar en el horizonte de los referidos gobernantes, siendo, miren ustedes, que su primera y primordial obligación es salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos.

No somos un país normal en ese sentido, sino una gran comarca caótica, sometida a los caprichos y abusos de las minorías, en abierto deprecio al principio del bien común.

Pues bien, como integrantes del trío de anfitriones que han armado el Mundial de futbol, la madre de todas las competiciones deportivas en este planeta, resulta que sí nos vemos obligados a garantizar ciertas mínimas condiciones de civilidad y organización para que los señores visitantes que se aparecerán por estos pagos no sobrelleven los fastidios, molestias y contrariedades que afrontan habitualmente los mexicanos de a pie.

Porque, miren ustedes, una cosa es que nuestros autóctonos –el mesero, el albañil, el ejecutivo bancario, el músico de orquesta, el proctólogo, la farmacéutica, la arquitecta, la cajera del supermercado y la profesora de primaria, entre otros tantos— se hayan adaptado genéticamente a las impredecibles y obligadas perturbaciones que les ofrece la cotidianidad mexicana y otra muy diferente es que un danés, un belga, un coreano o un japonés no vayan siquiera a contar con la certeza de poder acudir al estadio o desplazarse a donde les plazca.

O sea, que, de pronto, nos ha caído encima la perentoria exigencia de ser civilizados y, por lo tanto, de tener que poner en su lugar a los agitadores de siempre. Vendrá al galope la “represión”, ay mamá, o el desprestigio nacional y los costos a pagar serán morrocotudos.

Doña FIFA es un ente muy turbio en lo que toca a sus intereses pero sus directivos tienen muy claras las cosas en lo organizativo. Son exageradamente severos y rígidos al plantear sus condiciones.

En fin, estas parrafadas vienen a cuento porque algunos grupos y ciertas organizaciones avisan, desde ya, que van a sabotear de plano la gran fiesta futbolística si los funcionarios de turno no atienden sus terminantes demandas. Está la tal CNTE, desde luego, pero también algunos de los estudiantes del muy respetable Instituto Politécnico Nacional. Uno de ellos, entrevistado en la radio hace un par de días, gruñó que si no les cumplen, “no habrá Mundial”.

Así de claro y contundente.

Al tiempo, oigan, aunque ya lo tengamos encima.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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