¿Se volvió “negocio” y dejó de ser futbol?

Ciudad de México /
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M+.- Se manifiestan, en muchos ámbitos, descontentos porque doña FIFA ha dispuesto las cosas, en este Mundial 2026, para ganar colosales cantidades de dinero. La suprema competición futbolística del planeta se ha vuelto un “negocio”, señalan los denunciantes, en un tono que le confiere al término una connotación delictuosa.

Muy bien, ¿y el futbol, mientras tanto? ¿Ha acaso dejado de ser lo que es porque las entradas a los estadios están carísimas?

En lo que toca a la tal pausa de rehidratación, o como se llame, habrá que preguntarle a los futbolistas su opinión. Es evidente que esa interrupción puede romperle el ritmo al equipo que está ejerciendo un decisivo dominio en la cancha pero, a la vez, los propios jugadores a lo mejor necesitan esos instantes de reposo para aportarle a su organismo los líquidos que necesita. Y, pues sí, más allá de que una posible preocupación por la salud de los contendientes en la cancha hubiera motivado la disposición de los señores directivos de Zurich, la esplendorosa ciudad helvética, la mucho más probable razón para instaurar tal medida sería puramente comercial, ahí sí.

En fin, el tema es que este Mundial está resultando un éxito rotundo desde cualquier punto de vista. En lo personal, si alguien me pide mi opinión sobre tener que pagar 40 o 50 mil pesos mexicanos por una entrada al estadio, le diré que no me ofenden en lo absoluto esos precios porque jamás estaría dispuesto a apoquinar tan exorbitantes importes. Y que alguien más lo haga es estrictamente asunto suyo, así sea que haya vendido el coche –como algunos—, pedido un préstamo o desembolsado meramente una fracción de sus pletóricos peculios.

La afición de alguna gente alcanza niveles desaforadamente absurdos pero, lo repito, es cosa de cada quien y, a la vez, si no existieran personas dispuestas a cubrir tamañas cantidades entonces las gradas de los estadios estarían vacías. No es así. Están rebosantes de seguidores.

Se invoca también el carácter “popular” de un deporte que se juega en los barrios y en cualquier terreno acondicionado como cancha, para señalar el elitismo de la FIFA. Pues miren ustedes, la masiva celebración de los triunfos del Tri en las plazas y avenidas de nuestro país ha sido lo más lejano a un festejo de potentados.

Esos cientos de miles de mexicanos exhibiendo una clamorosa alegría por los triunfos de la Selección, ¿fueron en alguna manera perjudicados por las medidas del máximo organismo futbolístico? ¿No pudieron siquiera mirar los partidos?

Y sí, el balompié es un negocio. Como la aviación, como el sector hotelero, como la fondita de la esquina o la tienda de abarrotes. También es evidente la voracidad de la FIFA, desde luego. Sin embargo, es la simple respuesta a un mercado que está ahí, perfectamente dispuesto a soltar todo el dinero que haga falta.

Se decía también que este Mundial iba a ser un estrepitoso fracaso. Pues no. Y, por lo pronto, a los mexicanos nos ha llevado a lucir una explosiva felicidad. O sea, que el futbol lo seguimos disfrutando, miles y miles de nosotros, sin que nos importen los descomunales precios de entrada a los estadios.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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