Semifinal: se acabaron las sorpresas

Ciudad de México /

Me llamó el pasado jueves mi jefe inmediato para resolver un atorón en el trabajo y le dije que estaba ya apoltronado yo frente al televisor, mirando uno de los partidos de la semifinal.

No nos conocemos todavía lo suficiente así que le pregunté si era futbolero y, de paso, teniendo a los Pumas delante en la pantalla, confesé que no soy de esa cofradía.

Me respondió que él tampoco portaba la camiseta del equipo de la UNAM pero, atribuyéndonos a ambos cierta identidad a partir de nuestra experiencia común en el ámbito laboral, decretó que tanto él como yo deberíamos de ser seguidores del club universitario. Un tema de personalidades, supongo, que tendrían que corresponder a un perfil determinado por los astros en el firmamento del balompié.

Ya entrados en la subsecuente exploración de los muy personalísimos rasgos de cada quién, le informé que soy devoto de Chivas y el referido director me respondió, cosa un tanto extraña en estos tiempos, que también era prosélito del Guadalajara.

Pues bien, mis Chivitas están ya fuera del torneo y, en el momento en que garrapateo estas líneas, al Atlético San Luis es a quien le toca la tarea de consumar lo que sería uno de los milagros más prodigiosos del futbol universal, a saber, remontar un marcador absolutamente adverso contra un equipo superior de los pies a la cabeza.

No se puede decir que los potosinos hayan desaparecido de la cancha en el partido de ida. Lo que ocurrió, miren ustedes, es que tuvo enfrente a unos jugadores que mostraron una ejemplar organización y una avasalladora calidad individual. Por algo merecen más recompensas materiales quienes poseen mayores talentos personales y precisamente por eso es que los clubes en donde juegan los más cotizados cracks les pasan por encima a los modestos. Simple cuestión de recursos.

El tema de Pumas, sin embargo, no se podría tal vez dar por sentenciado a pesar de la derrota contra los empoderados Tigres. Los futbolistas de la UNAM siempre han sido combativos, vehementes y entregados hasta el último minuto. Hoy, de la mano del Turco Mohamed, han vuelto a ser protagonistas.

El asunto es que en esta semifinal se han impuesto los mejores, y hasta ahí. La gran sorpresa fue, en su momento, el fracaso de Rayados contra un equipo que luego recibió el castigo de cinco goles sin poder anotar siquiera un tanto.

Pero esos pequeños portentos no se repiten, con perdón, y lo de Pumas se ve de todas maneras muy complicado, hoy al atardecer.

Los seguidores de Chivas sabemos, justamente, de la experiencia de la derrota después de habernos ilusionado con otros desenlaces. Y pues, qué caray, el hecho es que ya estamos, unos y otros, hermanados en la misma adversidad.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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