¿Una F1 'woke'?

Ciudad de México /

Sí, amables lectores, este escribidor bien sabe que el terminajo se refiere al movimiento que promueve los derechos de las minorías, una cruzada de radicalizados, sectarios y fervorosos prosélitos que se proponen no dejar “ningún espacio de libertad intocado”, en palabras del gran literato español Javier Marías, y que se inmiscuyen en todo para decretar prohibiciones, para lanzar feroces condenas y para imponer una corrección política tan asfixiante como declaradamente imbécil en muchos de los casos.

Nada que ver con las competiciones automovilísticas, a primera vista pero, miren, los señores comisarios que decretan las reglamentaciones del llamado Gran Circo no sólo ambicionan que les supongamos una ejemplar conciencia social sino que, de pronto, quieren ponerse a tono con estos tiempos de extremadas preocupaciones medioambientales y han dispuesto, en consecuencia, que los autos que van a correr en los circuitos de los grandes premios tengan un motor estrictamente híbrido, o sea, la mitad funcionando con motores de combustión interna –ah, y el carburante de origen vegetal, o algo así (carísimo, además, el litro)— y el otro 50 por cien de la potencia generado por un complicado artilugio eléctrico cuyas baterías deben ser cargadas, a su vez, por la energía que produce, pues sí, la buena máquina de siempre.

Han tenido que comenzar prácticamente de cero todas las escuderías y rediseñar el chasis, el perfil aerodinámico de los coches, los sistemas de control, las suspensiones y los complejísimos mecanismos que aseguran un buen rodaje. Las consecuencias no las padecemos todavía los aficionados porque esto apenas comienza –el Gran Premio de Melbourne tuvo lugar anoche, a las 22 horas, tiempo del centro de Estados Unidos Mexicanos— pero los pilotos, salvo algunos de naturaleza muy adaptable y flexible como George Rusell, han expresado un gran descontento.

“Hemos pasado de tener los mejores coches jamás fabricados en la Fórmula 1, y los más agradables de conducir, a probablemente los peores”, soltó ni más ni menos que Lando Norris, el campeón mundial de la competición.

Y, bueno, en lo que toca a los desempeños de Checo Pérez, la escudería Cadillac está pagando, en los hechos, la cuota de entrada a la suprema categoría en tanto que no tiene detrás los años de experiencia de los demás y que la fabricación de un auto de F1 es una empresa morrocotudamente difícil. Tan complicado el tema que un tipo del calibre de Adrian Newey no logra desempantanar a Aston Martin, un equipo que se encuentra inclusive por debajo de los recién llegados.

En fin, olvidemos los tiempos de aquellos rugientes autos V12 de los años 90. Los coches, ahora, van a ser tan ecológicos y tan políticamente correctos que a lo mejor los aficionados dejamos de acudir a los circuitos.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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