Y sí, un penalti lo decide todo…

Ciudad de México /

Un árbitro sin acreditación de la FIFA para manejar… ¡la semifinal del futbol mexicano! El hombre, encima, cargando sobre los hombros yerros y tropezones acaecidos en fechas recientes. ¿Por qué demonios lo escogieron entonces lo mandamases de la tal Comisión de Árbitros de doña Federación Mexicana de Futbol (FMF)? Pues, vayan ustedes a saber, sorprendidos lectores: compadrazgos, mala fe, ineptitud, irresponsabilidad o simple estulticia.

¿Las consecuencias? Un partido de ida mal dirigido y, para quienes somos seguidores de las Chivas, el malestar de que un penalti torpemente señalado decidió el desenlace de la antedicha semifinal.

Decretar la lapidaria “pena máxima” cambia el peso de la balanza en un partido de futbol, vaya que sí. O sea, que decide las cosas: te desmoraliza a los jugadores castigados, los desconcentra o les impone un sentido de urgencia bajo el cual las jugadas y las estrategias no funcionan ya con los parámetros acostumbrados, por no hablar de que se pueda haber cometido una injusticia, por ineptitud o por omisión o, de plano, porque los dados hayan estado cargados. Y, a partir de ahí, se pueden condicionar los desempeños de un equipo en torneos cortos como la Liguilla que se juega en estos pagos, sobre todo los de un club disminuido por las bajas como las Chivas.

Deberíamos hablar de futbol, del juego en sí mismo, en lugar de dirigir nuestros reflectores hacia un tipo que no tendría por qué haberse encontrado en la cancha ese día. Pero, bueno, por algo será que la mentada FMF es uno de los organismos más desprestigiados de todo el espacio público de este país, según una reciente encuesta.

En fin, retomando el tema futbolístico, tenemos que rendirnos ante la evidencia de que el balompié es, entre otras cosas, un asunto de suerte, por más que ciertos especialistas de relumbrón descarten el factor de la fortuna en lo que toca a campeonatos, resultados, títulos o laureles cosechados.

Justamente, adviertan ustedes ese marcador de cero goles luego del gran partido que jugó el Cruz Azul –más allá de que los cementeros hayan dejado fuera a mis Chivitas (si hubieran jugado así de bien en el encuentro en el estadio Banorte, nada qué decir)— siendo que estuvo manejando el balón con admirable propiedad, que tuvo decenas de llegadas al arco contrario y que se vio infinitamente superior a los Pumas.

Naturalmente, Keylor Navas fue una variable decisiva en la ecuación. Estamos hablando de un guardameta de clase mundial y protagonizó una atajada de antología para desviar el proyectil que le disparó José Paradela. Pero hubo otras ocasiones en que el balón hubiera debido entrar en la portería de los universitarios.

Pues, miren ustedes, hay aquí un componente un tanto extraño, en tanto que la historia se repite: luego de que los Pumas cosecharan un inmerecido empate, este partido de ida a lo mejor fue una sentencia, otra más, para el Cruz Azul, y el Club Universidad Nacional se coronará campeón este domingo en el histórico estadio del Pedregal.

Así es el futbol. Así de apasionante. Digo, cuando los árbitros no aparecen en el reparto final.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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