La oposición, según algunos, no resulta “una oferta atractiva” para los votantes. Eso explicaría el triunfo del oficialismo en las elecciones que acaban de tener lugar en el Estado de México.
Hablando de ser lo suficientemente cautivador como para embelesar a los ciudadanos, el primer mandatario de la nación cumple al parecer con el requerimiento –tal y como lo refieren las encuestas sobre su popularidad— pero el régimen de Morena no ha manejado de manera nada “atrayente” la cosa pública sino de forma absolutamente desastrosa: la epidemia del SARS-CoV-2 llevó a que murieran 700 mil mexicanos, hay más pobreza, más asesinatos, menos servicios de salud, menos eficiencia gubernamental e inclusive la esperanza de vida ha disminuido de 76 años a 72. Estos son los hechos comprobables, más allá de lo poco fascinante y encantadora que pueda parecer la coalición PRI-PAN-PRD.
Constatamos entonces que lo que le importa a la gente no es lo sustantivo –es decir, los resultados y soluciones que pueda ofrecer un gobierno nacional— sino algo mucho más difícil de especificar en tanto que no se deriva siquiera de la experiencia directa de la realidad cotidiana.
El asistencialismo como una herramienta para agenciarse la adhesión de los sectores más desfavorecidos de la sociedad fue un factor muy importante para inclinar la balanza en las votaciones del pasado domingo pero no debiera ser el único elemento decisivo en tanto que también acudieron a las urnas las mujeres trabajadoras a las que se les han quitado las guarderías para el cuidado de sus hijos y muchos otros ciudadanos directamente afectados por las destructivas políticas del actual Gobierno: uno pensaría que dejar a millones de personas sin medicamentos y sin servicios de salud debería de tener un costo a pagar en las urnas, a saber, el famoso voto de castigo. Por mucho menos que eso, los ciudadanos de cualquier otro país optarían por no refrendar la permanencia de la misma clase gobernante al mando.
Pues no, eso no ocurrió, sino que la factura de la infelicidad de los mexiquenses la sufragó el PRI, gran villano y primerísimo responsable en su condición de encargado de la Administración estatal. Es decir, todavía no se le exigen cuentas al régimen de la 4T sino que sigue brotando la gran marea que lo llevó al poder. ¿Así será también 2024?