M+.- Nos han dicho ya cómo van a estar las cosas en Colombia ahora que los votantes resistieron los embates del oficialismo para inclinar la balanza en la pasada jornada electoral y que fuera derrotado el candidato de la izquierdista populista: una casta de corruptos codiciosos se dedicará a hacer negocios al amparo del poder, los gobernantes se desentenderán del bienestar de las clases populares, se abrirán las puertas a los capitalistas del exterior en detrimento de los intereses nacionales, mandarán las élites de siempre, en fin, está muy trabajada la retahíla de negros presagios o, más bien, la socorrida reseña de inculpaciones formuladas por los izquierdosos de siempre.
Aguilar Camín, en su artículo de ayer en estas páginas, expuso de ejemplar manera que el término “ultraderecha” es infamante de origen, en oposición al calificativo “izquierda” — inclusive en su versión “extrema”— que se asocia a las bondades del Estado social sin que en el horizonte se aparezca el siniestro rostro del totalitarismo.
Pues, miren ustedes, los regímenes más opresores de nuestro subcontinente no son los de derechas — más allá de que, en el siglo pasado, varias naciones de Suramérica hayan estado sojuzgadas por cruentas dictaduras militares respaldadas, encima, por los Estados Unidos— sino que, hoy día, los autoritarios, los déspotas y los autócratas reinan, no en Ecuador ni en el Perú ni en Chile, sino en unos países, ahí sí, de “ultraizquierda” de nombre Cuba, Nicaragua y, hasta hace poco, Venezuela, por no hablar de la arremetida contra las instituciones republicanas que emprendieron, infructuosamente, los gobiernos populistas de Ecuador, Bolivia y, justamente, Colombia, una embestida que les ha resultado más provechosa a los morenistas en México, hay que decirlo, en tanto que los mandamases de doña 4T lograron deshacerse de los jueces independientes, hacerse del Poder Legislativo, colonizar a los organismos electorales y dificultar, de tal manera, la alternancia en el poder en las siguientes elecciones.
A esto, al agandalle, al divisionismo, a la alianza del poder político con los delincuentes (en Colombia y en México) y al autoritarismo lo disfrazan de “izquierda”. Lo otro es la ignominiosa “ultraderecha”.
¿No es momento de actualizar el diccionario?