¿Dialogar, negociar y pactar con asesinos?

Ciudad de México /

Hay gente con la cual es imposible llegar a ningún acuerdo. El divisionismo, la intransigencia de los radicales, la cerrazón de los sectarios y los meros intereses de la baja política dificultan mucho el diálogo en estos tiempos, es cierto, pero no estamos hablando de eso sino de sentarte a la mesa con alguien que no procura un arreglo mínimamente equitativo, que busca tu total rendición y que pretende un dominio absoluto sobre tu persona. Un interlocutor, por si fuera poco, que formula sus exigencias amenazando con el uso de la violencia y que se va a servir de la traición y el engaño en cualquier momento.

Pensaríamos, en términos geopolíticos, en un Vladimir Putin y, remontándonos a tiempos un tanto más remotos, en un Adolf Hitler, a quien Neville Chamberlain –primer ministro del Reino Unido de 1937 a 1940, una referencia histórica en lo que toca al ejercicio de la tibieza— trató de apaciguar antes de que las ambiciones territoriales y los impulsos supremacistas del líder nazi llevaran al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Justamente, y más allá de que los verdaderos designios del tirano alemán no se pudieran prever en el momento de que se firmaran los acuerdos de Munich en 1938 (que le cedían a Alemania los Sudetes checoslovacos a cambio de que Hitler y los suyos no reclamaran más territorios en Europa), ¿qué posible arreglo se hubiera podido celebrar con un individuo perfectamente dispuesto a exterminar a millones de judíos y perpetrar espantosas atrocidades? Al final, el único recurso disponible para enfrentar al nazismo fue el uso de la fuerza bruta, la movilización de miles y miles de combatientes, la instauración de economías de guerra y, para terminar de doblegar a las legiones del dictador, el despiadado bombardeo de las ciudades germanas, una estrategia que llevó, en los hechos, a la destrucción de un país entero. Un precio absolutamente terrible.

Abordando, con el permiso de ustedes, el tema de la guerra que tenemos aquí –toda proporción guardada, desde luego— y dibujando el perfil del enemigo, resulta que no es siquiera imaginable un arreglo con individuos que secuestran, torturan, extorsionan y matan a compatriotas nuestros sin mostrar la más mínima humanidad, canallas sanguinarios e irreversiblemente endurecidos, verdaderos antisociales que no han sembrado otra cosa que dolor y muerte en nuestro entrañable país.

El Estado, señoras y señores, es dueño de todas la potestades para defenderse y amparar a los ciudadanos de la nación. El asunto es que la izquierda sectaria se solaza en la evocación de un Estado represor –el aparato que masacró a los estudiantes en 1968— y que, desconociendo deliberadamente los avances democráticos de nuestra sociedad, lanza acusaciones y denuncias cada vez que nuestras valerosas fuerzas de seguridad responden a los balazos de los sicarios. Pues no, hay sujetos que no merecen ningún abrazo. Jamás…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite