El ejército de El Mencho desplegó el pasado domingo una temible capacidad: bloqueó carreteras, incendió vehículos y comercios, paralizó las actividades en amplias zonas del país, provocó cancelaciones de vuelos, sembró espanto entre la gente y, más terrible todavía, mató a 25 miembros de la Guardia Nacional, entre otras víctimas.
Fue una venganza por el descabezamiento de su jefe máximo pero, sobre todo, una advertencia, una demostración de fuerza y un desafío lanzado al Estado mexicano. El mensaje quedó muy claro: si las tropas de seguridad operan para disputarle el poder que ya ejerce el CJNG en regiones enteras del territorio nacional, entonces ocurrirán violentas respuestas.
Las imágenes de camiones abrasados por el fuego y de una ciudad turística cubierta de columnas de humo le dieron la vuelta al mundo hasta el punto que en algunos medios surgieron interrogantes sobre si debe tener lugar el Mundial en un país así.
Justamente, ese es el colosal aprieto en que se encuentra el gobierno de México. La captura de Nemesio Oseguera fue un gran logro de las autoridades y no hay razón alguna para negarles el mérito. El asunto es que no se terminan ahí las cosas sino que esta acción sería apenas el primer paso de una estrategia dirigida a acabar con el dominio territorial del cártel y restaurar las potestades del Estado en las entidades sojuzgadas por los criminales, un proceso tan extremadamente complejo como necesitado de operaciones inmediatas para impedir que se recomponga la estructura operativa de la organización.
Lo dice Mike Vigil, antiguo jefe de operaciones internacionales de la DEA quien, entrevistado por CBC News, la cadena informativa pública canadiense, subrayó que hay que actuar con la mayor prontitud. Pues bien, la amenaza de otras violencias no solo sigue sobrevolando el paisaje sino que se empalma directamente, por una simple cuestión de fechas, con la celebración de la justa deportiva más importante del planeta.
Si prosigue a toda máquina la ofensiva gubernamental, el CJNG responderá y podrá inclusive avisar de atentados y actos de terrorismo. En otras palabras, extorsión pura y dura. Si no actúan nuestras fuerzas de seguridad, entonces lo de El Mencho habrá sido apenas un episodio tan espectacular como infructífero. Tremenda disyuntiva, para los gobernantes de este país.