El pecado de querer ganar dinero

Ciudad de México /

La gran diferencia entre el capitalismo y la doctrina socialista es que la economía de mercado resulta de un orden natural de las cosas, a saber, la conducta de los humanos desde tiempos inmemoriales, determinada por los intercambios comerciales –el trueque, en los primeros momentos; el comercio formal, después– y el impulso innato de esos mismos individuos a poseer bienes, a lucrar, a cosechar los frutos del esfuerzo personal y a perseguir siempre una mejoría en sus condiciones de vida.

El dogma colectivista, por el contrario, decreta arbitrariamente una igualdad artificial entre las personas, desconociendo que algunas pueden ser más exitosas en la vida que otras y criminalizando, en los hechos, el primigenio instinto de obtener ganancias, el espíritu emprendedor y la abierta competencia entre los miembros de una comunidad. El Estado socialista, trasmutado prontamente en un ente totalitario que despoja de sus libertades a los ciudadanos, es el único autorizado a ejercer los derechos de propiedad y se arroga, entonces, la facultad de despojar de sus bienes a los que han podido acumular un patrimonio, satanizados como malignos explotadores del prójimo.

El dinero, principio y fin de la maquinaria que mueve el mundo real, es sustancialmente indecente para los comunistas. O, más bien, el dinero ajeno, necesitado de decomisos y expropiaciones (para subsanar un muy capitalista pecado original y restablecer la justicia en el mundo), porque lo que ocurre es que esos comisarios que tan airadamente denuncian la riqueza de los otros son los primerísimos en agenciarse peculios y caudales –de su muy exclusiva propiedad, ahí sí— para procurarse una vida de reyes, cerrándoles las puertas a quienes no forman parte de la nueva oligarquía.

Es un simple cambio de la tripulación al mando, señoras y señores, pero los revolucionarios marxistas, ya apoltronados en el trono, se arrogarán, a la torera, la potestad de condenar a todos los demás invocando un credo que no solo contradice la primordial condición de los hombres y que les servirá, encima, de gran pretexto para instaurar siniestras dictaduras.

No tendría, en principio, ningún sentido plasmar aquí estas reflexiones. El tema, sin embargo, es de actualidad: el régimen de doña 4T simpatiza con las tiranías socialistas. Ya entrados en materia, ¿no podrían, los adalides de Morena, inspirarse mejor en los mercaderes fenicios de la antigüedad?


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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