¿El Salvador nos va a comer el mandado?

Ciudad de México /

Se busca país alegremente abierto a la inversión extranjera, provisto de certezas jurídicas, ordenado, pacífico, seguro, en plena expansión económica (más de cinco puntos porcentuales de crecimiento del PIB en 2025) y no contaminado de doctrinas socialistas empobrecedoras. Sería aquí, en el vecindario. ¿Dónde está, dónde lo encontramos, cuál es?

Pues, miren, ahí está El Salvador, gobernado con mano dura por un aspirante a autócrata esclarecido, un tipo tan inteligente como inoculado de saludable pragmatismo que, vistas las cosas y reconocidos sus logros —entre ellos, el de haber acabado con la terrífica delincuencia que azotaba a su nación—, no tendría por qué arremeter contra la prensa crítica ni cultivar los modos de los caudillos autoritarios de este planeta.

Es pequeño, el país centroamericano, y en lo que toca a las ligas mayores —donde se encuentra México, a pesar de todos los pesares— no parece ser un competidor con los tamaños para inquietarnos a los aztecas conquistados.

Pero, qué caray, Singapur no es tampoco un gigante territorial —apenas 735 kilómetros cuadrados de extensión y, miren ustedes, ni agua tienen hasta el punto de que deben importar de Malasia la mitad de la que consumen— y, luego de cinco décadas de transformaciones, ahí sí, muy efectivas, se ha vuelto no sólo una auténtica potencia financiera sino el cuarto país más rico del mundo entero.

O sea, que El Salvador, liderado por un paladín visionario y con las ideas claras, tendría con qué. El tema es interesante porque, más allá del perturbador asunto de los derechos humanos y de la posible instauración de una autocracia en la patria de Óscar Romero y Farabundo Martí, lo que termina siendo decisivo es el apartado de las políticas públicas y la apuesta global para el desarrollo de la nación.

Y es aquí, justamente, donde comienza a atorarse el asunto: la simple cuestión de que los gobernantes de México, invocando principios y dogmas incontestables, se hayan interpuesto en el camino hacia la modernidad, ha resultado en una nefaria condena de oportunidades perdidas, subdesarrollo y medianía.

Bukele, por lo pronto, está arreglando bastante bien su casa…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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