La alianza de ciertos adalides de la 4T con el crimen organizado es evidente. Y un hecho mucho más palmario es la pérdida de soberanía de millones de mexicanos que viven en los territorios sojuzgados por implacables y sanguinarios delincuentes.
El fentanilo y otras drogas son nefarios productos de exportación, miren ustedes, por más que en su momento el supremo líder de Estados Unidos Mexicanos decretara que no, que en estos pagos no se fabrican deletéreas sustancias y que la verdadera bronca es el consumo de los adictos en los otros Estados Unidos, los de América.
Resultó luego que sí había laboratorios donde se cocinaban diversas drogas sintéticas —para mayores señas, y meramente como ejemplo, la gobernadora Maru Campos, hostigada por el oficialismo como “traidora a la patria”, implementó un sistema de inteligencia policial que le ha permitido desmantelar en Chihuahua varios complejos productores de metanfetaminas— y, hay que reconocerlo, la estrategia de combate al narcotráfico emprendida por el actual gobierno federal ha servido también para romper las cadenas de producción de toda suerte de componentes sintéticos ilegales.
Es cierto que la distribución local de narcóticos es un problema de ellos, de los estadounidenses, y que no parecen estar teniendo demasiado éxito en el combate para erradicar por completo tan oscuro negocio. Pero también es indiscutible que las sustancias provienen de un vecino suyo, que hay cargamentos que cruzan a diario la frontera, y resulta entonces que es algo que tienen resolver con nosotros.
La DEA, el FBI y hasta la CIA valoran el trabajo que están haciendo la autoridades mexicanas y los cuerpos de seguridad. Pero, al mismo tiempo, tienen perfectamente detectados a los miembros de nuestra clase política que se han aliado con los criminales y ahí no hay razón alguna por la cual, tratándose de algo que les afecta directamente, no debieran solicitar su extradición. Pues, el gobierno de México pudiere, por lo pronto, detenerlos y procesarlos, aquí mismo, y sanseacabó.
Tan sencillo como eso, en pleno ejercicio, ahí sí, de nuestra soberanía, Pero…